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¿DE DÓNDE SALE TANTO DINERO?

Luis Ortega  | Miami

Hace pocos días, unos 200 personajes del mundo delirante de Miami estaban en la Casa Blanca, en Washington, abrazando y admirando al presidente George W. Bush. Entre ellos estaban dos de los cubanos más importantes de Miami. Dos íntimos amigos y tal vez hasta socios. Dos admirables patriotas que llevan años luchando por la libertad de Cuba y en el curso de cuya lucha, con admirable precisión, se han hecho millonarios. Uno de ellos se llama Armando Pérez Roura. El otro ostenta con orgullo el nombre de Demetrio Pérez.

Los dos patriotas son amigos del Nuevo presidente y han contribuido a su campaña electoral con generosidad y valentía. Son dos pilares de Radio Mambí. Son dos esforzados combatientes que han entregado sus vidas a la defensa de la democracia y cuyas voces resuenan todos los días en los más ocultos rincones de Miami. Pérez Roura es un ideólogo, un hombre que hasta cuando va al baño lleva consigo el ideario de Martí. El otro es un educador, un discípulo distante de Luz y Caballero. Y de Martí. Y de Lincoln. No hay dudas de que ese día, en la Casa Blanca, los dos patriotas cubanos deben haberse sentido como si estuvieran en la cumbre del Everest.
 

Sin embargo, a los pocos días, el infortunio se abatió sobre Demetrio Pérez, el educador. El FBI le puso las esposas y lo arrojó en una celda. Un juez implacable ordenó la detención inmediata de Demetrio. Tuvo que poner una fianza de cien mil dólares para salir de la prisión. Sobre él pesan 21 acusaciones muy graves por haber abusado de las pobres gentes de Miami. Se ha publicado que podría ser condenado a 105 años de cárcel y a pagar una multa de cinco millones de dólares. ¡Qué horror! 

Ese mismo día, el 30, un malvado llamó por teléfono a la estación de radio donde funcionan Pérez Roura y Demetrio y se atrevió a deslizar una crítica sobre la conducta del educador Demetrio. “¡Usted es una víbora! ¡Demetrio Pérez es un hombre decente y honesto que merece todos nuestros respetos!”, gritó el locutor, indignado, y tiró el teléfono. 

¿Qué le ha pasado a Demetrio? Parece ser que el hombre es dueño de varios edificios de apartamentos. El programa que suelen llamar Plan Ocho, ésto es, Section Eight, del gobierno federal, suele ayudar a las gentes de pocos recursos a pagar las rentas de sus apartamentos. Estos apartamentos subsidiados por el gobierno federal no se consiguen fácilmente en Miami.

Una persona puede estar hasta diez o quince años esperando que le den un apartamento. Y nunca lo obtiene, por supuesto. A no ser que entre en el sistema, que consiste en pagar más. Una pobre mujer, llamada Migdalia Quintana, logró conseguir que le dieran una vivienda en la cual pagaría, aparentemente, 27 dólares mensuales a Demetrio. Y el gobierno federal pagaría los otros $422. Pero, a espaldas del gobierno, Migdalia se pasó años pagándole a Demetrio Pérez, el educador, el ideólogo, el socio de Pérez Roura, un extra de más de 250 dólares mensuales. Con lo cual se ve que Demetrio le estaba sacando al apartamento, probablemente una pocilga, casi $700 mensuales. Negocio redondo. Cuando Migdalia empezó a protestar, entonces Demetrio la botó del apartamento. El de Migdalia no es el único caso. Están apareciendo otros parecidos. María Cabrero, de 61 años y Ana Hernández, de 69, están contando también una historia de abusos increíbles. 

¿Cuántas pobres gentes están en el mismo caso de estas tres mujeres? Yo no lo sé. Detrás de todo esto hay un escándalo mayúsculo que no va a ser posible ocultar. Demetrio Pérez, increíblemente, es miembro de la Junta Escolar. El gobernador Jeb Bush, amigo de estos cubanos, ha tenido que separarlo del cargo. En algún momento, algún día, tarde o temprano, tendrán que salir a la luz las infamias que han hecho los cubanos en Miami. Curiosamente, el Miami Herald, donde todavía quedan americanos decentes, en su edición del 30 de mayo, destacó la noticia en un gran cintillo, en la primera página. El suplemento en español, que está en manos de los cubanos, escondió la noticia en páginas interiores. Es un indicio que revela la complicidad profunda que es la norma en Miami.

El caso de Demetrio Pérez es francamente escandaloso. Hay que oír a este hombre en sus peroratas por Radio Mambí, maltratando la sintaxis y la ortografía, para poder apreciar lo que significa que un individuo de ese nivel haya llegado a la Junta Escolar y se presente como educador y millonario. Demetrio Pérez es director, dueño y mandamás de un periódico que se llama Libre. Antes se llamaba El Matancero Libre. Es un tabloide de unas cuarenta o cincuenta páginas, en un papel de lujo, a todo color, sin un solo anuncio. Se regala en toda la zona. Los dos articulistas principales son Armando Pérez Roura y Agustín Tamargo. En una ocasión yo pude contar hasta 36 fotografías de Demetrio Pérez en el semanario. Considerando el papel de lujo, la impresión, la distribución, los racks que tiene en toda la ciudad, el personal numeroso que parece trabajar en la empresa, los fotógrafos, es posible calcular que ese semanario debe tener un costo de producción que no baja de quince mil dólares mensuales. Si se tiene en cuenta que no tiene anuncios ni se vende, ¿de dónde sale tanto dinero? ¿Cómo es posible que alguien, por muy millonario que sea, pueda mantener ese semanario durante años y años? Yo no tengo la respuesta. Es un escándalo. 

(La cosa llega hasta el punto que Demetrio, el padre, en unión de sus socios, han hecho gestiones en Washington y en Tallahassee para que el gobernador nombre a su hijo, otro Demetrio Pérez, en el mismo cargo del padre en la Junta Escolar. De este modo, se rumora, quieren salvar la influencia que tienen en la Junta y en sus presupuestos de gastos. Por suerte, los Bush tienen un poco más de respeto por la opinión pública y se han negado, al parecer.)

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