AUTOANTOLOGÍA
Gastón Baquero
¿Cómo puede hacerse
esto? ¿Cómo, uno mismo, puede atreverse a amputar
fragmentos del único poema que en verdad escribe un
autor? Porque en realidad, ¿realidad?, sí, realidad,
uno escribe siempre el mismo poema; se es autor de un
poema y nada más, como se es protagonista de una vida
solamente. Si leyésemos con fruto, con atención y
tensión suficientes, nos bastaría con leer un poema de
un autor para conocer toda su obra.
Lo que Stravinski
dijera de Vivaldi («No, Vivaldi no ha escrito 600
conciertos; ha escrito 600 veces el mismo concierto»),
puede decirse también de Stravinski, por mucho que él
creyese estar variando a cada momento.
No hay nada más
difícil que variar, cambiar de órbita, trasladarse de
un territorio adherido a la piel y al alma, a otro
territorio radicalmente, definitivamente diferente.
Estamos enjaulados en la tierra, y enjaulados también
en la cárcel del Yo. «Nadie —se ha dicho— puede saltar
fuera de su sombra». Nadie, admitámoslo, puede
escribir más de un poema.
Si tuviésemos
paciencia para esperar la maduración, la fermentación
de nuestro espíritu en la gran Cuba fermentadora que es
el topos, el lugar donde vivimos, produciríamos, cuando
llegase la hora natural del parto, un poema, y nada más
que uno. Síntesis de lo vivido, de lo realmente
conquistado por el espíritu en el mundo, ese poema
contendría maravillosamente unificada esta dispersión,
esta frívola atomización de la realidad con que nos
entretenemos, y a la cual llamamos altaneramente «obra
política», «suma de poemas».
Para el autor, todos
sus poemas son el mismo; todos son fragmentos de su
poema. Por eso le produce una terrible sensación de
monotonía leer un libro suyo, leer más de un poema
suyo.
¿Y de dónde puede
sacar autoridad y razón para seleccionar, para decirse:
este poema es mejor que aquél, éste me gusta más que
el otro? Dado que un poema es siempre la punta
infinitamente pequeña de un iceberg, la ceniza de un
incendio que brilló un momento, como una estrella
errante, el autor lee siempre el poema completo, en
tanto que el lector sólo puede leer el muñón, el
fragmento terriblemente mutilado y parcial, de lo que
fuera, o quiso haber sido, el Poema en el alma del
autor.
¿Cómo puede saber
uno, que conoce entero, ontológica y biológicamente,
el poema, cuál es el mejor, el más representativo, el
más acertado?
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