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EN EL TEOCALLI DE LA IDENTIDAD

llario Rosete y Julio César Guanche  | La Habana

El puente, sobre el mar de la cultura, entre Cuba y su diáspora, viene extendiéndose desde el «Diálogo del 78». Las conferencias La nación y la emigración, celebradas en La Habana en abril de 1994 y noviembre de 1995, respectivamente, demostraron la continuidad de una política hacia la emigración, y marcaron un hito en el esfuerzo por normalizar los nexos entre el país y la comunidad cubana en el extranjero.

Desde el Diálogo del 78 los miembros de la comunidad cubana en el extranjero pueden realizar estudios de posgrado en los centros de educación superior de la Isla. Poco después, en la segunda mitad de los noventa, varias de nuestras publicaciones culturales establecieron coloquios con los emigrados. Lourdes Tomás Fernández-de-Castro (Batabanó, 1954) obtuvo en 1998 el premio Casa de Las Américas en el género de ensayo artístico-literario con su obra Espacio sin fronteras, y fue nombrada jurado del mismo premio y género en su última edición, la de este año 2000. Los hechos prueban que desarrollar en Cuba los intercambios culturales no ha sido puro bla-bla-bla. Alma Mater aprovechó la estancia de Lourdes en su patria natal, cuando sentaban cátedra las tribunas abiertas de la juventud y los estudiantes por la liberación de Elián González, el niño cubano secuestrado en Miami, y en la voz de esta cubano-norteamericana, aborta malos manejos, derriba estereotipos, reverencia el mundo espiritual donde se desenvuelven los universitarios cubanos, y proclama el español de Cuba como elemento primordial en la defensa de la identidad nacional. Los toros desde la barrera

¿Está Lourdes Tomás entre los radicados fuera del país que tal vez piensen, refiriéndose al diálogo cultural con los emigrados, «estas son manipulaciones del régimen cubano»?

En esto no hay manipulación. El gobierno cubano no tiene ninguna necesidad de acudir a nosotros. Prima un interés genuino —tal vez en otras épocas igual prevaleció, pero no pudo cristalizar— por saber qué se está produciendo fuera de Cuba, como mismo nosotros queremos conocer qué sucede dentro. A pesar de la separación entre las orillas, el interés prevalece, de ambas partes. En la sociedad cubana de hoy se respira un ambiente muy libre, en todos los sentidos, garantía del intercambio cultural. Muchos estudiosos cubanos viajan a los Estados Unidos. Se reactivan los vínculos. En esto no subyace ningún manejo, sino un espíritu cierto. La gente fuera dirá que en Cuba reina la censura pero aquí la gente habla de cualquier cosa. Se observa un interés real, verdadero, en rescatar lo producido por la comunidad cubana en el exterior. Yo siempre confié en esa actitud.

Con todo, llegar a este punto no fue fácil. Según su criterio, ¿cuáles estereotipos hubo que vencer, de ambos lados?

No voy a referirme a la ortodoxia de ciertas instituciones, las cuales tal vez incluso a estas alturas nos miren con sospecha. Hablaré de los estereotipos aceptados por un segmento del pueblo cubano, de un lado, y por la gente en Miami, del otro. Entre los cubanos residentes en la Isla abunda el criterio de que a noventa millas solo viven sujetos interesados en lo material, una burguesía vulgar y grosera ocupada en fabricar dinero. De cierto modo eso es verdad, pero no se aplica a todos los sectores de la comunidad cubana en los Estados Unidos. Muchos compatriotas nos imaginan como personas de mente estrecha, con una visión de la realidad precisamente estereotipada. Eso puede distinguir a una parte de la población de Miami, pero no todo el mundo es así. También se dice que muchos esperamos el momento para venir a recuperar las antiguas pertenencias, para quitárselas a los dueños actuales. (Esto no lo inventamos los residentes en la Isla. Es una interpretación de las leyes norteamericanas, entre ellas las conocidas como Torricelli y Helms-Burton.) Esa idea existe o ha existido entre el pueblo cubano. Mientras, un gran porcentaje de los residentes en Miami piensa: «Si un cubano de dentro visita los Estados Unidos, de seguro lo hace con la idea preconcebida de manipularnos, de aprovecharse de nosotros, y de dar una visión de apertura. Sí, todo el que viaja de Cuba a Miami, o trae una misión o es un espía.»

De acuerdo con su experiencia de vida, y guardando cierta escala de proporciones, ¿son más los cubanos de aquí que no advierten que «la emigración no puede considerarse un bloque monolítico de traidores a la Patria, partidarios del bloqueo y del derrocamiento del poder revolucionario», o, por el contrario, son más los cubanos de allá que identifican a cada intelectual de la Isla como un repetidor mecánico de la política del momento?

El criterio de cantidad siempre es relativo. Es difícil contestar esa pregunta. ¿Serían más estos o aquellos? Mira, sobre los de allá, tú no puedes salir a la calle en Miami y conocer la realidad, porque impera una voz «oficial», controladora de los medios de comunicación cubanos —radio, televisión, prensa escrita—. O sea, determinado sector, amedrentado o dominado, actúa bajo la presión de quienes tienen «la sartén por el mango» e influyen decisivamente sobre la política local, entre ellos, la conocida Fundación Nacional Cubano-Americana. A ese grupo no le puedo llamar de derecha. Tampoco le puedo llamar fascista. No sé como calificarlo. Es una derecha muy conservadora, ultraconservadora, algo difícil de entender. ¿Qué o quién está detrás de eso? Lo más probable es que se trate de puros intereses económicos determinantes de un tipo de actuación política. El señor Más Santos, el presidente de la Fundación, ni siquiera nació en Cuba. ¿Qué interés genuino puede tener él en este país ni en nada? Solo utilizan el tema cubano para mantenerse y controlar la política local, y ejercer influencia sobre la de Washington. Por eso a la hora de decidir, se hace difícil, por la influencia de estos medios, saber la verdad, conocer el parecer de las personas. De todos modos, tal vez hoy sean más quienes en Miami ven con sospecha e identifican como repetidores mecánicos de la política del gobierno de Castro a los intelectuales, artistas e investigadores cubanos visitantes de los Estados Unidos, que aquellos cubanos de dentro pensadores de las peores cosas sobre nosotros. Ahora mismo, con lo del niño Elián, la prensa cubana de la Isla ha dicho, y estoy muy contenta, «la comunidad cubana en el exterior no es monolítica ni actúa en bloque». En cambio, allá, en Miami, se juzga de un modo maniqueo: es todo el mundo.Ora de dentro, ora de fuera

En su opinión, los intelectuales y creadores culturales, ¿tendrían que dividirse por estar circunstancialmente dentro o fuera del país, o por asumir esta o aquella posición?

Cuando se habla de literatura debe pensarse en un largo proceso, imposible de reducir solo al presente. Por lo general las cosas tienden a verse muy de cerca, sin perspectiva, y cualquiera se ve tentado a dividir los autores por grupos. Pero los grupos monolíticos no se encuentran ni aquí ni allá. En todas partes hay modos de pensar diversos, aún dentro de una ideología. Por eso a la postre se verá, si acaso, un afuera y un adentro. Ya nadie piensa si Alejo Carpentier escribió Los pasos perdidos fuera o dentro de Cuba. En un momento hasta eso se borra, y perdura la literatura. José María Heredia escribió su oda Niágara y En el teocalli de Cholula en el extranjero. Es obvio. Pero cuando no queda tan explícito, urge estudiar al autor y su obra en tiempo y espacio para esclarecer las diferencias. En última instancia esa sería la distinción desde el punto de vista literario: el escritor que produce fuera, por determinadas circunstancias, no necesariamente políticas, y el escritor que escribe dentro. Ahora, el escritor cubano de dentro goza de un privilegio: está en contacto con la realidad del país, una realidad cultural, una tradición viva, sentida según camina por la calle. Eso no nos sucede a nosotros, y por eso, por estar fuera, lo entendemos mejor. A mí siempre me llamó la atención una frase del poema Hierro, de José Martí, donde el autor, hablando de sí mismo, dice: ¡mas el proscripto/ De sus entrañas propias se alimenta! Martí está hablando de la patria, de cómo ella puede dar fecundidad, germinar dentro de uno y dar un tipo de poesía. Mas quien está fuera del país no puede nutrirse de ella, sino de sus propias entrañas. De ahí la importancia de tener claro cuáles son las raíces. La vida cotidiana en Cuba encierra en sí una tradición de siglos. Todo cubano es portador de ella. La lleva en sus genes, en su sangre. Cada vez que damos un paso en la tierra natal, consciente o inconscientemente recobramos la vida.

Insistiendo sobre las posiciones, ¿qué opina sobre el caso de Elián González?

Aunque el caso del niño Elián fue politizado, en el fondo la situación no era política. El niño fue manipulado, utilizado precisamente por el sector que, como ya dije, tiene un «vivido» con la política en Miami y necesita nuevos temas, porque se le acaban, se le agotan, deben sacarlos de donde no hay. Tal vez la familia de Juan Miguel, padre de Elián, sea más pobre. Pero, ¿y eso qué? En los Estados Unidos residen miles de familias riquísimas y miles de familias pobrísimas, y no por eso el miembro de un linaje rico se va a llevar el hijo de una pareja pobre, porque «yo no tengo hijos, voy a meter a este en mi castillo, yo lo puedo criar mejor, tengo más cosas». Me da mucha pena con Juan Miguel. Se llegó a poner en entredicho su condición de padre. Pero voy a decirte algo, política aparte. Esta gente, ya sabemos, fue sobornada. El tío abuelo del niño, ya sabemos, respondió a quienes le pagaron y estuvo lucrando a costa del niño. Con ese antecedente, si esa criatura se quedara, por ejemplo, en los Estados Unidos, ¿qué podemos esperar de semejantes parientes dentro de uno o dos años? ¿Qué garantía tenemos de que el niño será tratado como corresponde cuando se olvide todo esto? ¿Qué seguridad tenemos de que Elián no vaya a parar sabe Dios a dónde? ¿Qué le podría suceder en un futuro, viviendo con gentes vendidas tan vilmente a una política?

Si un autor de origen criollo radicado en los Estados Unidos escoge el inglés para comunicarse, ¿sería considerado un escritor cubano, o engrosaría la rama de la narrativa estadounidense denominada cuban-american?

Eso es un dilema. Si tú quieres, escribe en inglés. Pero no me vengas con cuentos: nunca serás asimilado por la literatura cubana, porque ya no se trata del país de origen, sino del texto en sí. El texto emplea un idioma original, y si ese idioma no es el español, ¿vas a meter eso en la literatura cubana? Si así fuera, pudiéramos reclamar la pertenencia a nuestra literatura de cualquier escritor, en inglés, en francés, en italiano, cuyo tema sea Cuba. Ítalo Calvino, por ejemplo, nació en la localidad habanera de Santiago de las Vegas. Mas Cuba no puede decir que Ítalo Calvino pertenece a las letras cubanas. Ítalo Calvino es un autor italiano, con una obra escrita en italiano. Es el mismo caso de José María Herediá, el francés, medio primo del Heredia cubano. Se habla del Heredia cubano y del Herediá francés, aunque los dos nacieron en Cuba. Eso no significa nada. ¡Hay tanto de la identidad en el idioma! Y la gente no se da cuenta. Existe una novela, escrita en inglés, titulada Dreaming in Cuban (Soñar en cubano), de la escritora cubano-americana Cristina García (1958). Varias partes se desarrollan en Cuba. La abuela Celia vive en un lugar llamado Santa Teresa del Mar. Mas para que la novela llegue a «sonar» cubana se precisa de una labor de traducción exquisita, y entonces tendríamos el buen trabajo del traductor, no el de Cristina. Ella no controla el nivel del español de Cuba como para producir una novela dentro de la tradición cubana. Lo cubano en ella no es un espíritu surgido desde dentro. Todo el sector cubano-americano que está escribiendo en inglés y en español, en la mezcla de idiomas, repite sin cesar, «¡ay, mis raíces, mis raíces!», pero es una repetición mecánica, influenciada por muchos inmersos en la misma búsqueda. ¿En busca de sus raíces en inglés? Para mí es lo más inaudito. Todos hablan del mismo tema, del arroz con frijoles, de un disfraz externo, no de una categoría interior. El verdadero cubano no se preocupa por mostrarlo. Cuando dice arroz con frijoles lo hace con naturalidad, no insiste en eso para que se vea su cubanía. Todos estos autores están machacando en lo externo. Al traducir Soñar en cubano, compruebas cuánto se pierde de la identidad. Leer a Cristina García en español es algo pésimo. No sabe a cubano. Es un vestigio.

¿ESTAMOS AQUÍ O EN JAUJA?

¿Y aspira Lourdes Tomás, viviendo en Miami, a ganar un espacio dentro de la literatura cubana? Si así fuera, ¿cómo se lo explica a los estudiantes universitarios que hoy serían sus alumnos si ella o su familia no se hubieran marchado de Cuba?

Sí, quiero ganar un espacio dentro de la literatura cubana, no disputárselo a nadie. Esa siempre fue mi aspiración: entrar en la literatura cubana si podía producir una obra digna. He hecho todo lo posible para que esa labor, breve o extensa, tenga dignidad y pueda integrarse a nuestra tradición. Deseo contribuir, con responsabilidad, a mi cultura natal. Quizás existan personas, incluso jóvenes, creyentes de que nosotros hemos vivido en Jauja todos estos años, y por eso nos nieguen el derecho de participar. En realidad, repito, nadie le disputará ningún espacio a nadie. Al final la propia literatura elige e integra. En esto ni yo ni nadie puede ejercer influencias. Uno apenas tiene aspiraciones. Por lo demás, sobre el mundo material, tal vez nosotros hayamos estado mejor, pero ni se imaginan cuán bien han estado ustedes en lo referente a la cultura. Si tu interés es cultural, literario; si tu interés es el de formarte según la tradición, con tus maestros, y dentro de un país preocupado y ocupado en la cultura, entonces no hay nada como vivir en Cuba. En ese aspecto, envidiamos a los cubanos. El joven universitario de hoy a lo mejor echa de menos un coche o una casa nuevos, pero si estando en Miami los tuviera, pronto se daría cuenta de cuánto vale lo que tiene aquí. La gente dirá, «es fácil hablar de ese modo cuando se tienen las cosas». ¡Entiéndanme! En Cuba se vive en el mundo de los sujetos, y en Miami en el mundo de los objetos. ¡Nadie sabe cuánto valen los sujetos hasta que no los pierde! Es cierto: ¡El creador siempre está solo! Pero allá la soledad ¡es extrema!, se convierte en un aislamiento ¡total!

Cómo profesora universitaria, ¿qué puede decir Lourdes Tomás sobre la calidad de la formación de los alumnos, tanto académica como integral, en las universidades de Cuba y de los Estados Unidos, indistintamente?

En el mundo entero, tal vez hasta en Cuba, se habla de la decadencia de las Humanidades. Este es un tópico inventado. Las Humanidades nunca fueron decadentes. Si queremos y decidimos que lo estén, ya eso es otra cosa. Si tú quieres seres pensantes, vas a enfatizar en las Humanidades, pero si deseas formar seres manipulables, les negarás toda visión humanística. Claro, en el mundo neoliberal esto se hace solapadamente, atrayendo a las personas hacia el mercado. El mercado lo rige todo. Entonces los jóvenes, influenciados por ese ambiente, se dirigen a las carreras enunciadas como necesarias por la propaganda. A la sociedad capitalista no le interesa el bien del ser humano. Allí el sentido de lo útil está muy relacionado con lo que reporta dividendos y hace crecer el bolsillo. Desconozco cuál será el destino de los estudios humanísticos y la literatura en los Estados Unidos. La gente cree que porque se escriben libros hay literatura. Pero, escribir al estilo de Corín Tellado, ¿es hacer literatura? Si algún día se borraran los estudios literarios de la universidad, se habrá borrado la literatura. La Academia, la Universidad, es el Museo de la Literatura. En los Estados Unidos se están simplificando las carreras de Humanidades. Cuando se imparte Español, por ejemplo, se insiste en la utilidad práctica de su conocimiento, en las voces relacionadas con las operaciones bancarias, el cambio de dinero, la gastronomía o el turismo. Ni siquiera interesa la gramática. Basta con hacerse entender y asegurar la plata. Poco importa si el estudio del idioma engrandece o no a la persona. Si aún en mis tiempos de estudio, el sistema de enseñanza norteamericano tendía a la especialización, en Cuba se da prioridad a la formación integral. Los cubanos graduados de Literatura saben de la especialidad, y también de cine, artes plásticas y filosofía. Su formación integral es envidiable. En cambio, en los Estados Unidos se forman muy buenos especialistas en un tópico, pero no saben hablar de nada más. Los Estados Unidos están involucionando con rapidez. El cinismo está llegando al americano común, a quien se le escucha decir «lo importante es el dinero» como si fuera una gracia, un signo de civismo. Están cayendo en la trampa de creer que el dinero es el fundamento de la felicidad, se están haciendo esclavos de las cosas, del mundo de los objetos.

Una última pregunta. ¿De cuál Espacio sin fronteras, según Lourdes Tomás, sería bueno que los universitarios cubanos se apropiaran en estos, sus años de estudios?

La literatura es el Espacio sin fronteras al cual se refiere mi libro. A través de ella podemos acceder a todas las épocas literarias como si fueran contemporáneas. Todo el arte y la literatura de la humanidad están vivos y vigentes. El devenir artístico difiere del histórico, aunque transcurre dentro de la historia. En el terreno del arte y la literatura todo habita sincrónicamente. Esta noche puedes estar con Martí, y mañana con Heredia. Cualquiera de ellos puede ser un motivo en tus escritos de hoy. De la misma manera los universitarios cubanos tienen un Espacio sin fronteras común. Este se halla en la esencia de un gentilicio superior: el que nos define como seres humanos. En virtud de él, todas las culturas del mundo nos pertenecen y en última instancia la nuestra nos serviría para acceder a la cultura universal. La globalización mundial debería conducirnos a un intercambio de culturas, mas por desgracia está provocando otra cosa. Por eso recuerdo a Heredia y su poema En el teocalli de Cholula. Mientras el autor contempla la belleza del paisaje donde está enclavada la pirámide azteca, Ética y Estética entran en contradicción. El poema refleja el nexo entre una y otra, ilustra cómo las guerras y los sacrificios humanos estropean la visión de lo bello. Al final, Heredia deja de percibir la belleza y siente el dolor de los hombres sacrificados allí. Sí, los estudiantes universitarios cubanos deben tenerlo claro: cuando lo ético es feo, se estropea el sentido de lo estético.
Revista Alma Mater. mayo 2000

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