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LAS SINIESTRAS AVENTURAS DE POSADA CARRILES

Luis Ortega  | Miami

Timothy McVeigh iba a ser ejecutado hoy por haber colocado una potente bomba en el edificio federal de Oklahoma. Mas de 300 parientes de las 167 víctimas de McVeigh se estaban preparando para presenciar, en circuito cerrado de televisión, la ejecución de McVeigh. Pero el espectáculo ha sido pospuesto para cumplir ciertas formalidades. Eso ha causado mucho disgusto entre los familiares de las víctimas. Y no es que McVeigh vaya a escapar a su destino sino que, simplemente, se ha pospuesto la ejecución por muchos días, tal vez algunas semanas. Al final, Timothy McVeigh tiene que morir. Su culpa es monstruosa. Sin embargo el hombre no es un mercenario. Es, tal vez, un fanático que quiso vengar el horrendo crimen cometido por las autoridades federales de los Estados Unidos cuando asesinaron, en nombre de la ley (?), a un grupo muy numerosos de hombres, mujeres y niños en Waco, Texas.

Por supuesto, yo no simpatizo con la masacre de Waco. Tampoco con la que llevó a cabo McVeigh en Oklahoma. Pero mucho menos me complace el espectáculo de más de 300 personas contemplando, con deleite, la ejecución de McVeigh. Hay algo de barbarie en esto que me repugna profundamente. No hay justificación para esa conducta. Hay un fuerte ingrediente de bestialidad en esta sed de venganza que se revela, de tarde en tarde, en algunos sectores de la sociedad norteamericana.

Ahora bien, yo quiero comparar el caso de Timothy McVeigh con el de Luis Posada Carriles, actualmente preso en Panamá. Y quiero destacar, también, el ingrediente de bestialidad que se descubre a veces en mis compatriotas. Hay que ser justos.

En el bajo mundo de Miami (un mundo muy bajo, ciertamente, en el cual se destacan opulentos caballeros cubanos que suelen hablar de libertad y democracia) en ese mundo, de un modo disimulado, existe la convicción de que el cubano Luis Posada Carriles asesinó a 78 jóvenes cubanos, estudiantes muchos de ellos, que viajaban en un avión de Cubana de Aviación, creo que en el año 1976. El avión estalló en el aire y todos sus ocupantes murieron destrozados. Fue un crimen horrible. No se trataba de miembros del gobierno cubano. Eran, simplemente, unos muchachos cubanos que habían participado en una competencia de esgrima. Yo no puedo asegurar que Posada Carriles puso la bomba en el avión, porque no lo vi. Pero sus admiradores en Miami, que son muchos, lo admiran precisamente porque creen que él fue el autor del crimen. Posada Carriles cayó preso a raíz del atentado del avión y estuvo varios años en la prisión, en Caracas, Venezuela. ¿Cómo logro salir de la cárcel? Mediante una fuerte suma de dinero que aportaron los cubanos ricos de Miami para sobornar a las autoridades venezolanas, de tal modo que Posada Carriles, de pronto, apareció en la América Central, en El Salvador, o en Honduras, no se sabe. Allí Posada Carriles se convirtió en un feroz combatiente anti-comunista, en un patriota íntegro. Debe haber estado mezclado con los Escuadrones de la Muerte. Debe haber participado en el oleaje de asesinatos que durante años ha estado ensangrentando a los países de la región. Desde allí, desde El Salvador, fue que Posada envió a sus emisarios para poner bombas en los hoteles de La Habana, con financiamiento de los cubanos de Miami. Posada es, ostensiblemente, un mercenario. Timothy McVeigh es un fanático del odio. Posada funciona por dinero y el pretexto es la sagrada causa de la libertad de Cuba. ¿Ha estado trabajando Posada Carriles en la América Central como agente encubierto de los americanos? Es posible. La mano siniestra de los Negroponte y los Otto Reich estuvo siempre metida en el océano de sangre que ha inundado a los infelices países de la región. Ahora Negroponte y Otto Reich regresan al gobierno de George W. Bush. Y hay que suponer que volverán a las andadas.

¿Qué diferencia hay entre Timothy McVeigh y Luis Posada Carriles? ¿Por qué un sector de la opinión publica americana disfruta la ejecución de McVeigh y otro sector ve con indiferencia que los que manejan la política oficial americana en la región centroamericana utilicen personajes tan siniestros como Posada Carriles? ¿Por qué los cubanos de Miami, los más ricos, pueden financiar la fuga de Posada de la prisión de Venezuela para utilizarlo en las guerras sucias de la región? ¿Por qué cualquier cubano de Miami se espanta al oír hablar del terrorista McVeigh y, por otra parte, elogian por la radio y en los periódicos al heroico Posada, a quien apodan El Bambi? ¿Qué diferencia hay entre el uno y el otro? McVeigh asesinó a 167 con una bomba. Posada ha estado acusado de asesinar a 78 con otra bomba en un avión. ¿Por qué uno es un terrorista abominable y el otro es un patriota que merece reverencias? Yo no lo entiendo.

Ahora, en estos momentos, Posada Carriles está preso en Panamá acusado de haber preparado un atentado contra Fidel Castro. Cuba pide la extradición. Venezuela debería pedirla puesto que el hombre se fugó, mediante dinero, de la cárcel venezolana. Pero la flamante presidenta de Panamá (¿presionada por quiénes?) se niega a la extradición. ¿Por qué? Porque ni en Venezuela ni en Cuba podrían organizar la fuga de Posada Carriles. En Panamá, con unos cuantos miles de dólares, sí se puede organizar el rescate de Posada Carriles para que retorne a sus heroicas hazañas. ¿Lo sabe la presidenta o prefiere hacerse la boba? Ya en Miami se está planificando la fuga de Posada y ya el dinero está disponible. Vamos a ver qué explicación da la pobre mujer cuando el pájaro vuele otra vez, tal como ocurrió en Caracas.

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