El estado del tiempo. Deportes. Mensajes
políticos no tan subliminales. Más sobre el
estado del tiempo. Esos tópicos eran las noticias
de primera página durante las dos últimas
semanas de diciembre, si usted recibe sus noticias
del principal periódico hispano del sur de la
Florida. Y estas no eran simples menciones
escondidas en alguno de los rincones. No, como
todos los reportajes de El Nuevo Herald, se
mostraban con titulares GRANDES EN NEGRITA y
ENORMES ilustraciones.
El 17 de diciembre el periódico presentó su
segundo reportaje consecutivo sobre Colin Powell
(el pimero había llenado la mitad de la primera
página.). El Nuevo utilizó una copia
cablegrafiada para reproducir el discurso de
aceptación de Powell como Secretario de Estado,
sobre el cual los editores colocaron un
sustancioso titular: "Powell Será Inflexible
con el Enemigo". En un artículo El Nuevo
Secretario de Estado es citado prometiendo asumir
una línea dura contra los déspotas. En el
reportaje nunca se mencionó a Cuba, pero no
podía haber ningún malentendido en cuanto a
quién estaba dirigido el titular: Fidel Castro.
El 21 de diciembre el periódico, nuevamente,
dedicó grandes secciones de su primera página a
fotos y a un artículo sobre cómo el día
prometía ser más caluroso. Los lectores que
compraron el diario el día de Navidad
descubrieron que la mitad de la primera página
estaba dedicada a una telenovela colombiana. El 31
de diciembre un disparo de los Miami Dolphis
cuando el jugador Lamar Smith corría hacia
atrás, se levantaba a través de un cuarto de la
primera página, rodeado de más artículos sobre
el estado del tiempo.
Si en realidad lo demográfico bicultural de la
región representa el destino para una gran parte
de Estados Unidos, con todo derecho El Nuevo
debería ser una de las principales voces en ese
nuevo futuro. Pero no lo es. De hecho parece haber
un amplio acuerdo en cuanto que El Nuevo
nunca ha sido digno de su estatus potencial como
el principal periódico autorizado de habla
hispana en la región –o incluso hasta de toda
la nación. En lugar de una tirada creciente y una
posición privilegiada como el periódico
norteamericano que está más cerca de las puertas
de América Latin, El Nuevo está puesto al
servicio de ... un diario sensacionalista.
Lo que ha conseguido El Nuevo es convertirse en
un ejemplo triunfante de periodismo de última
categoría. Cuando se fundó hace 24 años, este
periódico constituía un raro experimento de
anglos que a modo de ensayo trataba de conquistar
un mercado foráneo dentro de su propio medio. En
la actualidad es considerado un éxito financiero
con un futuro promisorio. Al timón se encuentra
el respetado Carlos Castañeda, quien le ha
conferido una nueva imagen y una nueva dirección,
y que orgullosamente recomienda el estilo
sensacionalista y el contenido abreviado del
periódico como el camino hacia el futuro. Apoyado
por el mentor corporativo Knight Ridder, El
Nuevo dispone de fuentes considerables de las
que puede alimentarse. En realidad su tasa de
ganancia es mejor que el periódico que lo
engendró. En el último mes de marzo El Nuevo
estaba clasificado entre los cuatro periódicos de
mayor tasa de crecimiento del país. El promedio
de circulación los domingos, cuando la mayoría
de la gente lee periódicos, es de unos 100 000
ejemplares, según reporta la agencia Audit Bureau
of Circulations, aunque algunos críticos plantean
que las cifras están infladas mediante ejemplares
distribuidos gratuitamente. Castañeda niega que
los ejemplares distribuidos gratuitamente estén
incluidos en las cifras de circulación. (La
circulación del Miami Herald dominical es
de más de 450 000 ejemplares.)
Pero sus críticos constituyen una legión.
Estos dicen que El Nuevo sirve a un
sensacionalismo sin sustancia, es tendencioso y
hace una cobertura incompleta. El periódico
realiza a veces reportajes que nunca serían
aceptables para El Miami Herald.
Según los empleados actuales y los que ya no
están en el periódico, El Nuevo es un lugar en
el que las noticias son ciudadanos de segunda
categoría. Las ilustraciones y longitudes
predeterminadas de los reportajes se imponen por
encima de la cobertura de acontecimientos
críticos en sus páginas. "La imagen es más
importante que las palabras," dice un
frustrado periodista de El Nuevo.
Y mientras que Castañeda está orgulloso del
éxito de su tabloide, otros miembros de la
comunidad hispana se sienten un poco burlados. Un
grupo de inversionistas venezolanos vio la
posibilidad de explotar lo que consideran la
vulnerabilidad de El Nuevo. Aunque El Diario, la
publicación que ellos fundaron en octubre pasado,
parece estar sobre un terreno inseguro, Oswaldo
Muñoz, su editor, esperaba apelar a todas las
minorías hispánicas del sur de la Florida de un
modo en El Nuevo no lo hace. El Sr. Muñoz
alega que el periodismo político local de El
Nuevo no se extiende mucho más allá del
condado de Dade o de la ciudad de Miami, a pesar
de la considerable población hispana en
municipalidades que van desde las localidades de
Hialeah a Sweetwater. "Hay la necesidad de
más información," insiste Muñoz. "El
Nuevo no cubre ni siquiera las comunidades
cubanas."
Muñoz también ve una tendencia de su rival a
hacerles reverencias a los exiliados cubanos de
línea dura. La izquierda ya acepta esto como una
doctrina. Francisco Aruca, el animador radial, ya
ha convertido en un deporte el indicar la
parcialidad de El Nuevo en la forma en que
este periódico traduce o compone reportajes del
inglés al español. Aruca considera que el
periódico, deliberadamente, les oculta la verdad
a sus lectores, en un esfuerzo por mantenerlos
controlados. "Es una estratagema bilingüe
[reportar] algunas cosas en inglés y no
español," alega Aruca.
A diferencia de la desfachatez de El Nuevo,
Muñoz cree que los periódicos tienen una
función social tanto como comercial, y ha
confiado en gestar líderes en el sur de la
Florida a través de las páginas del El Diario.
"Queremos tener nuestros propios
representantes: nicaragüenses, colombianos,
peruanos, venezolanos," explica Muñoz.
"No queremos luchar contra el liderazgo
cubano; solo queremos un espacio para nuestros
propios líderes."
A un mundo de distancia, en el sexto piso del
edificio de Knight Ridder, Carlos Castañeda,
director y editor de El Nuevo, no se deja
perturbar por las críticas. "No somos un
periódico convencional," afirma. Pulcramente
vestido con una corbata de lazo, Castañeda
insiste que él también tiene altas normas para
El Nuevo y objetivos que aún por alcanzar.
Después de solo dos años bajo su tutela, la
transformación del periódico todavía no se ha
completado, y argumenta que ello no es fácil. No
hay modelos en lengua española para aplicar al
periódico que aspira a crear. Teniéndolo todo en
cuenta, Castañeda finge estar satisfecho con El
Nuevo. Está dirigiendo un negocio, y los
resultados son los de un balance comercial.
"La gente puede decir lo que quiera, pero
para mí el termómetro son las cifras de
circulación," afirma sonriendo este viejo
periodista de 68 años.
Y no le teme a ningún reto ni escatima en
esfuerzos para abarcar la diversidad de la
comunidad hispana del sur de la Florida.
"Está tratando de explotar el ghetto, y
[ellos] no compran periódicos," señala con
tono despectivo. "Eso es para esos
periódicos independientes que uno se encuentra
para las comunidades."
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Francisco Aruca estudia El Nuevo como un
chino estudiaría grafittis en los muros para
comprender las decisiones de sus líderes. Para
Aruca El Nuevo forma parte de una amplia
conspiración derechista que el llama "la
industria del mal". Su ética predominante es
sacar provecho de un anticastrismo, tanto en lo
político como en lo económico. Según la teoría
de Aruca, el perfil periodístico de El Nuevo
está determinado por miembros de una facción
poderosa, entre cuyos miembros se incluyen
políticos locales, los editores de los dos
Heralds, Alberto Ibargüen y la Fundación
Nacional Cubano Americana, entre otros. (No debe
dejar de mencionarse que los enemigos de Aruca
califican de comunista a este locuaz comentarista
radial porque una agencia de viajes que posee se
beneficia económicamente de sus relaciones con el
Gobierno de Cuba.)
Ex-empleados y empleados actuales de El
Nuevo se ríen de la teoría de Aruca sobre
una conspiración. La realidad es mucho más
compleja, alegan estos. Por ejemplo, muchos de los
periodistas de El Nuevo, en particular los que
escriben sobre Cuba, son exiliados de la Isla.
Escriben, obviamente, desde su propia perspectiva
y defienden lo suyo. "La predisposición no
está institucionalizada," insiste en afirmar
uno de los periodistas no cubanos de El Nuevo.
"Es la predisposición de ellos."
Un poco de opinión puede ser bueno para el
negocio. Los lectores más fieles de El Nuevo son
exiliados cubanos. María Travieso, una
ex-periodista costarricense de El Nuevo
y
que ahora dirige la redacción de noticias de El
Diario, añade: "No se trata de una conjura
diabólica. Solamente se quiere hacer
dinero."
Sin embargo, Aruca ha reunido un conjunto de
evidencias que lanza al aire a través de su
programa radial para apoyar su teoría. "Se
están burlando de ustedes," les dice a sus
oyentes cuando hace las narraciones. "Están
tratándolos como ciudadanos y lectores de segunda
categoría." Relata a continuación de los
ejemplos recientes.
El pasado día 12 de junio presentó un
reportaje de primera plana titulado: "Dos
desertores entre las misiones de médicos cubanos
en el Tercer Mundo." El artículo trataba de
darle contexto a un evento muy discutido en Miami:
la deserción de dos médicos cubanos que
trabajaban en Zimbabwe. (Cuando los médicos
finalmente llegaron a Miami, el alcalde Joe
Carollo les ofreció un banquete público con todo
su staff en la terraza del Ayuntamiento.) El
reportaje, escrito por Gaither, fue notable por su
balance. En términos fuertes se analizaba la
desesperada necesidad de que Cuba ayude enviando
médicos a África, pero al mismo tiempo el autor
mostraba que Cuba envía a sus médicos no solo
por altruismo, sino porque la Isla necesita las
divisas que estos médicos aportan. Además,
estímulos especiales para los médicos cubanos,
en ciertos momentos han dado lugar a tensiones en
los países en que trabajan.
Una versión traducida, mucho más corta, del
reportaje se publicó en El Nuevo, también
en la primera plana. Aruca señala que si el
artículo iba a ser modificado en longitud, el
editor tenía solo que haber cortado del final. En
lugar de ello, el editor procedió a eliminar
párrafos seleccionados que cambiaban el balance
del reportaje. En esencia, la mayor parte de las
citas favorables a los médicos cubanos fueron
cortadas. Entre las citas omitidas se cuentan
expresiones tales como "Los cubanos se
adentraron en las regiones desérticas, cuya labor
Sanders califica de valiente e
indispensable..."Aruca se indigna: "Lo
que ha omitido es precisamente lo que haría
pensar a la gente."
En temas tales como el embargo norteamericano o
las actividades anticastristas, considera Aruca,
es donde el periódico muestra en sus
publicaciones la mayor parcialización. Ese fue el
caso el 14 de mayo de 2000, en un reportaje de
primera plana titulado "El Embargo contra
Cuba Puede Ser Suavizado." El artículo de
Ana Radelat se refiere a una tendencia que ha
airado a muchos exiliados cubanos: alianzas de
políticos norteamericanos e intereses comerciales
para levantar el embargo.
Entre las citas omitidas que aparecieron en el
Miami Herald pero no en la traducción de El
Nuevo había una del republicano Stenholm
(Texas), en la cual el conocido conservador dice
acerca del embargo: "Estamos dañando al
pueblo cubano y a los productores
norteamericanos." Más cerca del home estaba
un párrafo borrado, el cual decía en la versión
en inglés: "Además, los más firmes
defensores del prolongado embargo norteamericano
contra Cuba han sido derrotados en su lucha en
torno a Elián González, la cual ha recibido poco
apoyo tanto por la opinión pública en general
como por los legisladores de la colina del
Capitolio."
Aruca señala que la predisposición no se
limita solo a las traducciones. También se
extiende a las noticias que se cubren. Un caso
oportuno es el reciente estudio que sobre las
opiniones del exilio cubano realizó la
Universidad Internacional de la Florida.
El Nuevo comienza su reportaje, mucho más
corto, haciendo notar que las encuestas indicaban
que los exiliados cubanos votarían por George W.
Bush para presidente y aprobarían una invasión
de la Isla porque no consideran que se perfilen
cambios en Cuba en un futuro cercano. El reportaje
de El Miami Herald estaba concebido
de modo muy diferente, su introducción se
concentraba solo en las noticias de que los
exiliados cubanos están renunciando a la
esperanza de que en la Isla se produzcan cambios
en algún momento cercano. La encuesta detectó en
la opinión de los exiliados en cuanto a la venta
de medicinas a Cuba. Este detalle no apareció en
el reportaje de El Nuevo. La versión en
inglés del artículo incluía más detalles y un
mayor análisis sobre la encuesta que la versión
mutilada en español. El Herald también
incluía un párrafo que nunca aparecería en El
Nuevo. La autora Ana Acle escribió: "Los
cubanos de aquí reconocieron que el embargo no
estaba funcionando, pero en una franca
contradicción, en su mayoría favorecieron
recrudecerlo de todas maneras.
Aruca considera que la forma diferente de
enfoque es un intento deliberado de engañar a los
lectores de El Nuevo, y estima que la encuesta de
la Universidad Internacional de la Florida pone
además de relieve que está desapareciendo la
perspectiva de una línea dura, y piensa que los
líderes del exilio se afanan por ocultar este
hecho. Además, Aruca se pregunta por qué una
encuesta detallada sobre las opiniones del núcleo
principal de lectores de El Nuevo es
tratado con más extensión en el Miami Herald.
"O bien usted no quiere alimentar a su
audiencia con detalles que puede que no le gusten,
o usted no confía en ella," concluye Aruca.
A finales de noviembre, cuando un infamante
luchador anticastrista y varios exiliados cubanos
con base en Miami fueron arrestados en Panamá,
acusados de preparar un plan de atentado contra el
dictador cubano, casi estaba garantizado que El
Nuevo informaría a sus lectores como tampoco
el Herald lo haría. Aunque ambos
periódicos tienen corresponsales en Panamá, la
conexión Miami, que obviamente sería de interés
para los lectores locales, tuvieron una pobre
cobertura por El Nuevo. El domingo 19 de
noviembre, un día después que surgió la
noticia, el Herald presentó un largo artículo
con los detalles sobre las identidades de los
sospechosos, su ocupación en Miami, y sus
reiteradas dificultades con la justicia. Nada de
esto apareció en El Nuevo, el que, en
cambio, optó por referirse a la especulación de
que Castro había anunciado el complot como una
vía para robarles el show a los demás
presidentes latinoamericanos reunidos con él en
la Cumbre Iberoamericana.
Castañeda, el director de El Nuevo,
dice que no le preocupa Aruca, y que se opone a
hablar de artículos en particular. Subraya que se
mantiene alejado de la radio y la televisión y
que no le interesa hacer política con nadie.
"Lo que creo es en las cifras de
circulación", declara Castañeda.
Sentado en su oficina, cerca de una ventana
desde la que se ve la torre de una iglesia,
Castañeda no admite que sus periodistas sean
seres humanos con sus propias opiniones. Retoma
una cita del Henry Luce, co-fundador de la revista
Time, que desechaba la objetividad por ser
un mito. "No podemos hablar de
objetividad", expresa evocando a Luce.
"Podemos hablar de información balanceada,
porque los periódicos son hechos por personas con
opiniones, pasiones y prejuicios."
Aruca sostiene que bajo Castañeda la
predisposición ha empeorado. Periodistas que
llevan tiempo en el periódico declaran que si a
algo ha contribuido, en cierta medida, es a
despolitizar ese diario. Castañeda vivió por
décadas en Puerto Rico y, por lo tanto, no está
involucrado con las intrigas y los personajes de
Miami. "El Nuevo es ahora menos a la
derecha en cuanto al tema cubano," señala
uno de los periodistas no cubanos del diario.
Según los ex-periodistas y los activos
actualmente en El Nuevo, hasta llegar
Castañeda la práctica constante era que no
podía escribir nada negativo sobre líderes de la
comunidad del exilio. Por lo visto esas
prohibiciones se han hecho más flexibles.
"Hay más libertad para escribir lo que uno
quiere," concuerda en expresar otro de los
periodistas veteranos del periódico.
Carlos Castañeda tiene cuatro periódicos
extendidos sobre su buró: el Financial Times de
Londres, el New York Times, El Nuevo
y El Miami Herald. Para Castañeda estos
diarios ofrecen lecciones de lo que funciona y lo
que no funciona en el periodismo. Y se siente
feliz de compartir su pasión por el tema.
Según este veterano periodista, no hay nada
más importante que la primera plana. El editor
Alberto Ibargüen quería que las monedas saltaran
del bolsillo de los lectores a las máquinas
distribuidoras automáticas de El Nuevo.
Castañeda tiene capacidad para que el sueño de
su jefe se convierta en realidad. También se
benefició de heredar un periódico tan malo que
no había esperanzas. Sin embargo, no importa
cuán ansioso de obtener ganancias sea Knight
Ridder, es dudoso que la compañía le permita a
Ibargüen hacer con El Miami Herald lo que
Castañeda ha hecho con El Nuevo.
El editor se expresa con burla del periódico
hermano en inglés que tiene sobre su buró: ¡La
mayoría de los artículos del Herald en
primera página tienen una continuación en el
interior. Esto es lo que se conoce como saltos en
la jerga periodística." A Castañeda no le
gusta, pues afirma que el 70 por ciento de los
saltos nadie los lee. El Nuevo nunca
tendrá más de un salto en la primera plana y en
ese con solo un rápido y breve salto a la página
dos. "A los lectores no se les puede molestar
haciéndolos abrir el periódico en busca de un
artículo," afirma Castañeda.
Tampoco hay espacio para artículos muy largos.
Castañeda menciona encuestas que indican que la
gente simplemente no lee más allá de las catorce
pulgadas (unos diez párrafos) a menos que el
artículo le ataña directamente.
Castañeda toma el New York Times.
Ha
sido lector de este periódico desde 1949, pero se
queja de que todos los artículos tienen
continuación. En raras ocasiones lee las
continuaciones. Cuando lo hace tiene que
encontrarlas con dificultad en el interior de las
páginas traseras. "Si usted tiene dos
periódicos y un solo lugar donde
comprarlos," manifiesta Castañeda señalando
hacia la primera plana de El Miami Herald junto a
El Nuevo, "usted no lo va a
vender con [El Miami Herald]."
Alza el ejemplar del prestigioso Financial
Times. Este es su modelo, insiste en afirmar:
"Es cierto que el Financial Times no
tiene artículos de primera con continuaciones. En
lugar de ello presenta entradas capsulares con
referencias, que de hecho son saltos, al final. El
Financial Times también es abarcador y
fácil de leer."
Esto es lo que Castañeda quiere para El
Nuevo. "En lugar de un artículo muy
largo, tenemos un artículo y los dividimos,"
explica señalando hacia diferentes parte de la
página. "Aquí están los hechos. Las
reacciones aquí. Las consecuencias aquí. Tres
titulares diferentes, no solo uno. Qué disfrute
el artículo."
Pero a diferencia del Financial Times,
El Nuevo no se lee bien, no es compresivo o bien
considerado fuera de Miami. Está más próximo al USA Today, con un mal toque de Rupert
Murdoch. En América Latina, según Mario Diament,
coordinador del programa de maestría de
periodismo en lengua española de la Universidad
Internacional de la Florida, El Nuevo no es
considerado un verdadero periódico. "Lo
consideran una herramienta de propaganda más que
otra cosa," expresa este argentino, quien
anteriormente trabajó como editor de la página
de opinión en El Nuevo, y continúa
señalando: "Si usted pregunta en América
Latina, nadie tiene una buena opinión de este
periódico."
En los artículos de El Nuevo se le da
un peso mayor a la calidad de las fotos que los
acompañan. Por ejemplo, la muerte de un niño en
un accidente automovilístico en Texas tuvo una
amplia cobertura por el periódico en septiembre
pasado. El breve artículo trataba de destacar la
tragedia de unos neumáticos Firestone vueltos
hacia arriba. Es evidente que constituye un cuadro
dramático ver a un padre enloquecido ante un
automóvil volcado junto al cual se ve el cuerpo
cubierto de su hijo. La horrible imagen tomada por
un fotógrafo de la Associated Press
empequeñecía el pequeño artículo al pie.
Castañeda está muy lejos de avergonzarse por
las enormes fotografías y los llamativos
titulares. Con evidente orgullo hace mención de
un ejemplo de lo que le gusta de su periódico. El
ocho de octubre El Nuevo presentó enormes
artículos de primera plana sobre una cubana que
se casó con el Duque de Luxemburgo. Toda la
primera plana estaba dedicada a la duquesa cubana.
Castañeda se ufana del aumento de circulación
que le aportó el artículo: "Ese domingo
vendimos casi 2000 ejemplares más,"
proclama.
Es interesante observar lo que ese mismo
domingo presentaron en sus primeras planas
importantes periódicos norteamericanos. La
investidura y juramento de un nuevo presidente en
Yugoslavia, después de una revolución pacífica
sin precedente, fue lo que se publicó en la
mayoría de ellos. Muchos ofrecieron también
cierta forma de análisis sobre la cada vez más
enconada lucha por las elecciones presidenciales.
El Nuevo también incluyó estos artículos, solo
que pequeños y en las páginas más interiores
del diario.
Debido a la necesidad de Castañeda de
sensacionalismo, que hubo etapas el año pasado en
que Ricky Martin adornaba la primera plana casi
todos los días. La razón es muy sencilla:
"Con Ricky Martín vendíamos más
periódicos," declara Castañeda.
Realeza. Titulares escandalosos. Fotos
llamativas. Si sangra, atrae. ¿Les suena esto
familiar? Todo concuerda si uno analiza que
Castañeda ve a su verdadero competidor en la
televisión. Su larga carrera incluye trabajos
para la revista Life y la televisión. La
experiencia lo ha convencido de que el gran error
de la industria periodística es ignorar la
televisión. "Las palabras son
importantes", declara para resumir su
filosofía, "pero las imágenes son muy
importantes."
Sin embargo, el enfoque de Castañeda hace
difícil producir un periodismo de calidad.
"Adaptar su artículo al espacio en lugar del
espacio al artículo es una política
equivocada," opina Mario Diament desde su
posición en la Universidad Internacional de la
Florida. Diament señala que Castañeda ha
cambiado la imagen del periódico pero no le ha
dedicado el mismo tiempo a mejorar su contenido.
Algunos periodistas de El Nuevo,
preocupados por su oficio, tampoco están
satisfechos con esto. "No hay manera de hacer
trabajos adecuados", se queja un periodista,
"¿cómo balancear el trabajo disponiendo de
doce pulgadas?"
Para su reputación, Castañeda ha reclutado
periodistas talentosos. Por ejemplo, pescó a
Alejandra Matus, una renombrada periodista chilena
que se vio obligada a abandonar su país después
de revelar corrupción en la Corte Suprema.
Lamentablemente, en pocas ocasiones se tiene en
cuenta su talento. La labor investigativa de
calidad como la de Rosa Towsend, la ex-periodista
de El Nuevo, quien desató el escándalo en
torno a la Church and Tower, una compañía de la
familia Mas Canosa presuntamente le cobraba
precios exorbitantes al Condado por la reparación
de carreteras, lo cual sería prácticamente
imposible que ocurriera en el periódico de
Castañeda. Más que luchar por el espacio, la
mayor parte del personal de El Nuevo ni
siquiera se molesta en proponer artículos
incómodos. Uno de los periodistas declara en tono
de protesta que no está aprovechando sus fuentes.
No sirve de nada que Castañeda tenga poco
interés en presentar noticias locales en su
periódico. En un esfuerzo por crecer, están
apostando a nuevas audiencias. En particular
ambiciona llegar a los colombianos y venezolanos
que están huyendo de sus países nativos. Estos
nuevos inmigrantes son por lo general educados,
tienen dinero y están habituados a leer diarios.
Castañeda cree que a estos lectores no les
preocupan las noticias locales. No están
planeando quedarse en Miami y, por lo tanto,
están más interesados en lo que ocurre en sus
propios países. Una de sus primeras jugadas como
editor fue eliminar las columnas de comunidades
que estaba presentando El Nuevo. "[A
los lectores de El Nuevo les gustaría
saber lo que está ocurriendo aquí, pero no todos
los detalles sobre Penelas o Corollo etc.,"
insiste Castañeda. "Nos encontramos con
latinoamericanos que quieren saber qué está
ocurriendo en Lima... o Bogotá o en La
Habana."
Con este fin Castañeda ha sido generoso en
enviar corresponsales a otros países para que
cubran grandes acontecimientos. También ha
contratado un corresponsal en Colombia, encargado
de seguir los acontecimientos en ese país. Esto
ha dejado sin un lugar a dónde ir a los que les
gustaría reportar en el sur de la Florida.
"El chiste en la redacción es que si
podemos encontrar un vínculo en lo de aquí y
Colombia quizás consigamos más espacio,"
comenta jocosamente un periodista de El Nuevo.
Hay una grieta importante el plan de marketing
de Castañeda. Muchas de estas elites que están
llegado a la Florida tienen acceso a Internet.
Pueden leer sobre sus propios países con la
profundidad que deseen. "Uno no necesita leer
un periódico que le informe sobre su país de
origen, porque desde su computadora puede acceder
a su ciudad natal," argumenta Diament.
Lo que ha quedado en El Nuevo son
artículos cortos y grandes fotografías.
Parece seguro que los lectores del Miami Herald
no está a favor de las noticias en la forma en
que con frecuencia se las presenta El Nuevo.
Sin embargo, Castañeda se siente triunfante.
"Ese es el motivo por el que están perdiendo
circulación," declara bruscamente.
Castañeda se complace en contar la historia de
su papel en el nacimiento de El Herald, que
más tarde se convirtió en El Nuevo Herald.
"En 1975 me llamaron y me ofrecieron el
puesto en bandeja de plata," rememora
Castañeda y añade: "Les dije que cometían
un error."
Los ejecutivos de El Miami Herald lo
persuadieron para que encontrara tiempo en su
exitoso trabajo recreando El Nuevo Día en
Puerto Rico y que viajara a Miami. Su objetivo era
convencerlo para que se encargara de fundar un
suplemento en lengua española. En su historia,
Castañeda cuenta que lo agasajaban y le hacían
brindis, pero que él insistía en que no
necesitaba el puesto. Cuando uno le dice que un
periódico hispano pudiera tener una circulación
de 60 000 ejemplares, su tibia reacción revela la
verdadera naturaleza de sus planes. En realidad no
están interesados en eventualmente fundar un
periódico en español. Lo que realmente quieren
es un suplemento para aumentar la circulación del
periódico en inglés.
"La mayoría de los anglos con los que
hablé durante dos días de reuniones no podían
ver el futuro demográfico ante ellos",
explica Castañeda. "Según [ellos], en nueve
años todo el mundo va a hablar inglés
aquí," rememora Castañeda. "En esos
días el periódico estaba luchando contra el
bilingüismo."
Una notable predisposición anti-inmigrantes
que data de esa época continúa acosando al Herald
y, por asociación, a El Nuevo hasta
nuestros días. De este modo, el periódico es
golpeado tanto desde la derecha como desde la
izquierda. Las relaciones entre el periódico, su
suplemento y la comunidad alcanzaron su nivel más
bajo cuando Jorge Mas Canosa le declaró una
guerra santa en 1992 a ambas publicaciones. Muchos
critican todavía a El Nuevo como un
producto de anglosajones, señalando que su origen
es una mera traducción. Pero la afirmación de
que El Nuevo es una creación totalmente
anglosajona es errónea. Aunque Castañeda no
aceptó el cargo, sí estuvo de acuerdo en
realizar trabajos de asesoría durante los primero
tres meses, poniéndole su sello a la nueva
empresa.
Castañeda comenzó su labor periodística en
su natal Cuba a la edad de 16 años. Su sueño es
dirigir un periódico allí en la era post-Castro.
En la década de los setenta en Miami, ayudó al Herald
a seleccionar el personal para su suplemento
así como a definir un formato. Castañeda dice
que incluso creó el nombre de El Herald.
"Salí a la Calle Ocho y esa era la forma en
que la gente ya se refería a El Miami Herald,"
recuerda Castañeda.
En 1987 Knight Rider reformó el periódico, le
cambió su nombre por El Nuevo Herald, le
añadió personal y cobertura local en una
tentativa hacia la independencia. Sin embargo,
dependía mucho, en cuanto a sus noticias, de los
artículos tomados de El Miami Herald y
continuaba siendo un apéndice del periódico en
inglés. En 1994 Castañeda volvió de nuevo al
diario. Había estado trabajando activamente en El
Nuevo Diario desde 1970 hasta 1990, ayudando a
elevar la circulación de 16 000 a 224 000
ejemplares. Renuente a retirarse, trabajó como
asesor de diarios en toda América Latina. En esa
condición Knight Ridder lo invitó a que
analizara El Nuevo. Se encontró con
intrigas, fricciones políticas y un montón de
problemas, llegando a la conclusión de podía
hacer muy poco para ayudar. "Les dije:
Escuchen, este periódico se parece al Partido
Comunista de Bulgaria," revela Castañeda.
Escribió sus observaciones en memorándum que
cayó en manos de Alberto Ibargüen poco después
que este asumiera la dirección de El Nuevo en
1995. Ibargüen, quien provenía de la parte
comercial del giro periodístico, estuvo de
acuerdo con las afirmaciones de Castañeda.
Ibargüen había heredado un periódico en
desorden y comenzó a darle un perfil. Inauguró
un suplemento semanal de negocios, similar al
"Business Monday" de El Miami Herald,
e intensificó la cobertura de la noticias de
América Latina. Las noticias sobre Cuba siempre
comenzaba en la primera plana con continuación en
una sección especial en el interior del
periódico. Titulares llamativos comenzaron a
darle un tono de prensa sensacionalista a los
artículos principales.
La era de Ibargüen trajo consigo también un
cambio dramático. Aumentó el descontento entre
el personal y El Nuevo jefe comenzó a ser visto
como un líder distante. Caminaba dentro de su
despacho cerrado con cristales, hablaba por
teléfono, con la puerta normalmente cerrada. El
Nuevo desarrolló un rechazo a enfrentarse a
las personas influyentes tanto del sector público
como privado en el condado de Dade. Se evidenció
que Ibargüen necesitaba periodistas que
escribieran favorablemente sobre sus amigos del
mundo de los negocios.
Sin embargo, este suplemento comenzó a
desarrollar una especie de voz propia.
El mayor logro de Ibargüen se produjo el 5 de
enero de 1998 cuando El Nuevo avanzó para
convertirse en una periódico aparte. Cinco meses
después introdujo la entrega a domicilio. Los
cambios se produjeron después de años de debate
que puso a pelear a Ibargüen contra el editor del
Herald David Lawrence, quien alegaba que un
periódico separado dividiría a la comunidad.
Lawrence, cuyo puesto en El Herald atraía
más que su cuota de críticas, pronto se
encontró reemplazado por Ibargüen, quien asumió
la dirección de ambos periódicos. Ibargüen
comenzó a cortejar a Castañeda para que desde su
semiretiro pasara a un regreso a tiempo completo a
El Nuevo. Finalmente Castañeda estuvo de
acuerdo, y el 10 de enero de 1999, Castañeda
aceptó un contrato por dos años para dirigir El
Nuevo. "Probablemente fue el error de un
anciano," afirma ahora en tono de broma
Castañeda.
Dice que a su llegada encontró "una
guerra civil" entre el personal de la
redacción de noticias y un personal de bajo
nivel. "Era incestuoso," dice
Castañeda. "Había hábitos muy pobres de
hacer las cosas." Trajo a nuevos periodistas,
mantuvo la puerta de su oficina abierta, y
activamente comenzó a darle voz al periódico.