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ESPECTÁCULOS HABANEROS

Cultivando con tesón /juego que tanto alborota,/ en época no remota,/ fecunda en gloria y honores,/ tendrá también sus doctores/ la ciencia de la pelota. (...) Es prueba de buen juicio/ prevenir una derrota;/ quien juega al béisbol denota/ tacto, talento profundo,/ porque es preciso en el mundo/ saber darle a la pelota.


Julio Le Riverend|
La Habana


Si nada falta en la ciudad -como decía el viajero norteamericano- es porque se halla en el crucero de todos los barcos que vienen a la América. La Habana es un mercado importante de manufacturas y de espectáculos; mientras más extraordinarios sean estos mejor, como pueblo aún aldeano que siente debilidad por los embaucadores de feria. Europa mandaba los trotamundos que exhibían un "Gabinete de Generales Franceses" fabricados en cera o un "Cochino erudito de Londres" que entregaba un objeto del suelo y lo entregaba a determinada persona. Durante meses, por allá por 1800, los Generales y el cochino se repartieron las preferencias, las imprecaciones y las chanzas de los habaneros. Más figuras de cera hubo en 1804. Esta vez el europeo, naufrago de la tormenta napoleónica, se las vendía "a cualquier persona curiosa" que desease comprarlas; quizás hubo habanero que se las llevara para tierra adentro. En 1805, la tercera dosis de figuras de cera se vendía por separado con instrucciones de cómo transportarlas. En 1807 las figuras caminaban, unas, tocaban el tambor otras, y hasta las había de inspiración local. Nunca hasta 1830 faltó parecido espectáculo; en 1823 están Napoleón, Reyes , Emperadores, "el Mariscal Lannes muerto por una bala de cañón" y hasta " Lucrecia romana forzada por el soberbio Tarquino".
Pasaron de moda las figuras de cera. Los arrendatarios de teatros descubren la veta del Circo. Lo hubo en el campo de Marte (1800) donde inició su extraordinaria el "inventor" de los bufos cubanos: Francisco Covarrubias. En 1833 tenemos el orangután hembra, "una de las obras más maravillosas del Criador, sin salir de la clase de los brutos a que pertenece"; ni las señoras ni los niños habían de temer pues se había puesto esmero en evitar que "fuesen testigos de ninguna acción indecorosa". El anuncio es sugerente: ¡On Exhibition, The Child of the Forest or Ourang-outang" ya están también las "novedades" norteamericanas. Un poco después aparecen las luchas entre animales: perros contra tigres; hienas contra perros; toros contra tigres...Las novedades norteamericanas no fueron siempre tan vulgares: desde 1825 José Florencio Sierra quiere interesar a los habaneros en el cultivo y uso de las flores extranjeras, obteniendo el mismo dos años después la primera dalia " traída en semilla de New York; después hasta 1840 siguió introduciéndolas y triunfaron en el orden comercial sobre las flores indígenas tan queridas de los románticos, especialmente los ciboneyistas.
Por lo mismo que vinieron las figuras de cera, llegaron los aeronautas. El francés Robertson, 1828, ascendió en globo desde el Campo de Marte, y Adolfo Theodore realizó tres ascensiones en 1830. No tardaron en seguirlos los cubanos José Domingo Blinó (1831) y el siempre esperado Matías Pérez, "rey de los toldos", por su oficio, que ha pasado a enriquecer nuestro folklore desde que desapareció con su globo en 1856. Y no fueron los únicos.
La riqueza de mediados de siglo refinó los espectáculos o, cuando menos, permitió contratar grandes cantantes, concertistas y bailarines que acapararon notoriedad desde 1860 hasta 1890, aproximadamente. En verdad, el teatro tuvo gran importancia sobre lo cual volveremos a tratar en el capítulo XIX. Al parecer, las aficiones populares nunca se inclinaron a los toros. Se desarrollan como espectáculos antes de 1850, pero decaen visiblemente, quizás por considerársele espectáculo español que el cubano repudia por que prefiere la más criolla riña de os gallos. Durante los años 1842-45 la plaza de toros radicó en Regla, aunque ya 1853 opera una en la calle Belascoaín. En 1844 hay un torero cubano, Betancourt, "El Habanero".

"Será el primer habanero
que haga lucir su valor
como bizarro torero
como diestro matador".

Pero sus hazañas no pasaron de los ruedos de La Habana y Regla, donde por otra parte, nunca actuaron los grandes diestros españoles; ocasionalmente, hacia 1880 hay grandes funciones. Decididamente, el habanero prefiere como todo cubano la riña de gallos. Y los moralistas, como Saco, no quieren ni lo uno ni lo otro. Pero las autoridades prohíben esa propaganda, porque los toros simbolizan a España: eso explica la multa que se le impone a José de Jesús Márquez por un artículo titulado " Toros y Gallos" publicado en La Aurora (1866) promoviendo una asociación contra esos espectáculos y que la prensa no publicara sus anuncios.
Cuando los toros ya no pueden salvarse, porque no han prendido en el espíritu habanero, aparecen nuevas modas de diversión que los tradicionalistas motejan como "extranjerías", propias del último cuarto de siglo: el Base-ball y los patines que la juventud acepta para ponerse al nivel del deportismo norteamericano. En 1887 hay alarma por las querellas deportivas entre Rojos y Azules. Enrique José Varona interviene desde la Revista Cubana, elogiando el base-ball, pero lamentando sus efectos callejeros; por esos años un partidario agresivo del equipo contrario había roto una vitrina de la Fotografía Maceo donde se exponían los retratos de los Campeones del "Habana". Todos los jóvenes, especialmente los de clase media, practican el deporte. Por eso decía el vate Ramírez:

Tiene la gente devota
el bullicio y la alegría
por la pelota manía
y no suelta la pelota.

Suda el quilo gota a gota
con "beisbolero" interés
y conozco a más de tres
que llevan su frenesí
hasta no entender el sí
como no le digan "yes."

Más que juego es profesión, 
y afrontando unos reales
se adquieren profesionales,
género de importación.
Cultivando con tesón
juego que tanto alborota,
en época no remota,
fecunda en gloria y honores,
tendrá también sus doctores
la ciencia de la pelota.

Tira el "pitcher" "lou" o "jay"
y el "batman" sacude el palo;
¿le dio?, ¡a correr! ¿La erró?, malo
ya tenemos "uan stray"
¿Repite el error? Ya hay
quien vocifere que es "ao"
y si a coger llega un "fao"
el "quecher", lance perdido,
se queda el "batman" corrido 
y el pueblo grita: ¡ponchao!

Muchas lindas habaneras
sienten del juego el contagio
y hacen amoroso plagio
de las luchas peloteras;
al que en frases plañideras
les declara su pasión
y quiere meterse en "jon"
sin sacramental detalle
le ponen "ao" en la calle
y mamá le da el "escón".

Este higiénico ejercicio
yo lo aplaudo y lo aconsejo
y si no fuera tan viejo
lo tomaba por oficio.
Es prueba de buen juicio
prevenir una derrota;
quien juega al béisbol denota
tacto, talento profundo,
porque es preciso en el mundo
saber darle a la pelota 


Fragmento tomado del libro 
La Habana (Biografía de una provincia) 1960

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