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GERMÁN PINELLI

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(Fragmento de la entrevista aparecida en Los que se quedaron)

LB:- Háblame de tus primeros años.
GP:-Nací en la calle Obispo, esquina a San Ignacio, frente al antiguo Instituto de La Habana, el 15 de diciembre de 1907. Soy sagitario. Desde pequeño aprendí a tocar piano, guitarra, serrucho. Fui músico de la Orquesta Palau. Tomé clases de canto y de repertorio. Me becaron para ir a Italia a estudiar canto, pero el dinero nunca llegó. Era torpe al hablar, me daba pena. Hice teatro con mi hermana Sol. Ella fue mi maestra.

LB: - Cuéntame de tus inicios en CMQ.
GP:- Cuando Goar Mestre compró la CMQ - dio 25 000 pesos de entrada - me comunicó que yo no servía para la radio, pues no tenía buena voz y que debía ocuparme del noticiero con el mismo salario.
Le respondí que yo sí servía, que lo que pasaba era que no le gustaba a él, pero que algún día me necesitaría y me pondría la mano en el hombro para que le hiciera programas.
Realmente no he tenido nunca una voz de calidad para radio y televisión. Tenía una voz que a fuerza de hacerla salir por radio el pueblo se habituó a ella y llegó hasta tomarle cariño.
Entonces, un buen día iba a efectuarse una gran programación en CMQ con la participación de todas las estrellas de la emisora. Al empezar el programa el libreto no apareció. Me mandaron a buscar al noticiero - donde tenía guardia hasta las 10 de la noche - y dije que no iba porque no tenía a quién dejar. Insistieron. Finalmente fui y salvé el programa. A partir de aquel día, Mestre me puso la mano en el hombro.

LB: - ¿Cuál de tus momentos periodísticos, recuerdas con orgullo? 
GP: - La narración de los acontecimientos de Orfila. Esa tarde del 15 de septiembre de 1947 se enfrentaron a tiros dos bandos en pugna de la Policía Nacional. Pude llegar hasta la calzada de Columbia (Ave.41) esquina a Orfila, en Marianao. Ahí, tirado en el suelo, realicé todas las grabaciones del tiroteo en que murieron varias personas.
Después que lo hice me preguntaba, ¿cómo he logrado hacer esto? Aquello marcó un hito en mi carrera.

LB: -. Por ese reportaje, ¿te dieron algún premio?
GP:- Mandé el trabajo al Colegio de Periodistas para aspirar al premio "Juan Gualberto Gómez". No me lo aceptaron porque consideraron que era una narración hecha en estudio. Puse como testigos a todos los que me vieron allí. Fue un problema de envidia. La envidia ha existido siempre, tanto en el capitalismo como en el socialismo.

LB: - Eras el locutor del programa dominical de Eduardo Chibás, ¿te encontrabas trabajando el día en que él se dio el tiro?
GP: - No. Ese día - 5 de agosto- no fui a trabajar, pues había llevado al cine a mi mujer, quien se encontraba embarazada. Cuando salgo, un chofer de alquiler me dice que habían matado a Chibás en la CMQ.
Dejé a mi mujer en la casa y seguí para allá. Al llegar, me informan que Chibás se ha dado un tiro y que lo han trasladado para el Centro Médico Quirúrgico.

LB: - ¿Fuiste a la clínica?
GP: -. Inmediatamente.

LB: -. ¿Qué ambiente encontraste al llegar?
GP: - Aquello estaba lleno de gente. No dejaban entrar a nadie, ni a los periodistas. Como conocía el lugar, entro por detrás. Tomo uno de los ascensores. De repente, cuando voy subiendo, el ascensor se detiene en uno de los pisos. Para sorpresa mía, tropiezo con una camilla en la que llevaban a Chibás para el salón de operaciones.

LB: -. ¿Te reconoció?
GP: - Sí. Chibás estaba consciente. Al verme, me expresó: "Dile a la gente que si muero no olviden mis palabras". Se refería a la alocución que había hecho esa noche titulada "El último aldabonazo".
Bajé rápidamente. Los periodistas que estaban en los jardines de la clínica se sorprendieron al verme. Incluso Mestre, que también estaba allí, se me acercó y preguntó: "¿Qué está pasando?"
Le comento lo que Chibás me había dicho. Me ordenó que fuera enseguida para CMQ y lo dijera por radio. Me mandó en su propio auto.
Al llegar a la emisora, interrumpimos el programa que estaba en el aire. Pusimos la chicharra del noticiero durante casi un minuto. Le comunico a la población que he visto a Chibás, lo que me ha dicho. Vuelvo a leer su testamento político "El último aldabonazo". Eso constituyó una de mis grandes hazañas periodísticas.

LB: -. También narrabas las actividades por el 1 de Mayo.
GP: -. Sí. Eran nueve horas hablando. Igualmente narré el entierro de Chibás y el de las víctimas de la Coubre.

LB: -. De tus entrevistados, ¿quién te impresionó más?
GP: -. El doctor Castroviejo, medico español creador de la teoría del trasplante de cornea. Hombre muy bajito, bastante callado. No parecía realmente la clase de médico que era. 

LB: -. ¿De los cubanos?
GP: - El más peligroso para entrevistar: Chibás. Una espada de dos filos.

LB: -. ¿Eras una figura polémica? 
GP:- Muy polémica porque todos los políticos pedían que yo los presentara. Tenía todos los domingos cinco programas de cinco partidos políticos. Pero yo era totalmente apolítico, no pertenecía a ningún partido. Mis simpatías eran por Chibás.
A mí me pagaba cada político 50 pesos por su hora de los domingos. Yo vendía tiempo. Tenía un contrato de 1200 pesos mensuales para hacer las cosas que no eran patrocinadas. Lo otro era aparte.

LB: - ¿Cuánto ganabas antes del triunfo de la Revolución?
GP: - Llegué a ganar 3 500 pesos mensuales. Eso era lo que valía en el capitalismo.

LB: -. ¿En el socialismo cuánto vales?
GP: - Mucho más de lo que pueda aspirar un hombre. Vale ver unas calles de niños limpios, alegres, no hay niños miserables.
Voy a los asilos y veo aquellos viejos que esperan la muerte con una sonrisa en los labios.
Antes no. Antes era un rictus de desesperación, de angustia, de dolor de morir en un portal tapado por un periódico. Soy un tipo romántico, quizás un poco lírico, y me expreso de esa forma.

LB: -. ¿Por qué té quedas en Cuba?
GP: - No me fui de Cuba porque, primeramente nací aquí. Creo que el hombre debe nacer, crecer, fructificar en un solo lugar, y morir en un solo lugar: su patria, bajo su bandera. Ese fue el motivo por el que no me fui de Cuba.
Si me hubiera ido no habría tenido la posibilidad de vivir las alegrías y tristezas de todos estos años de Revolución. Tampoco hubiese tenido hoy la oportunidad de recibirte en mi casa, demostrarte mi admiración, que te la tengo. Acabo de leer tu libro Los que se fueron. Muy inteligente, no es insultante. Llevaste muy bien las entrevistas. Lo manejaste muy hábilmente.

LB: -. ¿Tuviste ofertas para irte del país?
GP:- Bueno, le mandé a Fidel en un sobre certificado - nunca supe si le llegó - 12 contratos que me enviaron desde Costa Rica, New York, Puerto Rico, Venezuela y México. Algunos hasta estaban en blanco y se aclaraba que podía poner la cantidad deseada en dólares.

LB:- Es decir, que fuera de Cuba no hubieras tenido problemas económicos.
GP: - No, habría vivido bien. Con bastante dinero pero no con la dicha que tengo actualmente. Además, no podía de ninguna manera traicionar a mis hijos que son revolucionarios. Ellos soñaban, pensaban en esto. Dieron su aporte, mínimo o ninguno, pero su presencia al menos en la Revolución se las tenía que respetar. No soy quien para traicionar el ideal de ellos.

LB: -. ¿Qué te ató más: los hijos o la Patria?
GP: - Me atan los hijos, la patria y Fidel, por el cual siempre he sentido una devoción extraordinaria.
No soy de los que se incorporaron al carro de la Revolución y se arrastraron en la vorágine que llevaba tras de sí. La Revolución la soñaba siempre. Aquí siempre fue necesaria una revolución.

LB: -. ¿Por qué afirmas esto?
GP: - Porque sí. La inmoralidad era muy grande. La pobreza, enorme. El improvisado surgía de la miseria a la riqueza. De la noche a la mañana se convertían en millonarios. El robo de los fondos públicos estaba en el orden del día. La palabra honestidad había desaparecido del vocabulario de los altos funcionarios administrativos.

LB: -. ¿Y ahora? 
GP: - Ahora el que trabaja lo tiene todo. Eso se ha dicho mucho, pero de una forma no la encuentro bien, se dicen las cosas como una consigna. A eso hay que hacerle un anecdotario. Enseñarles a los muchachos Moral y Cívica, una asignatura que ha desaparecido de las escuelas. Creo que la van a volver a poner, porque enseña al ser humano cuáles son sus obligaciones, sus deberes, qué es lo que puede exigir de acuerdo con lo que da.

LB: -. ¿Qué hubiera sido Cuba si no triunfa la Revolución? 
GP:- Pues un enorme chiquero, sin duda alguna. Esto, si tú lo escribes, los que lo lean y se sientan aludidos comprenderán cuán grande fue su culpa. Algunos acumularon millones.
Tienes el ejemplo de José Manuel Alemán, ministro de Educación (1946 - 1948) en el gobierno de Ramón Grau San Martín. Este señor creó acápites especiales a los cuales iban todos los créditos que se daban a dicho ministerio y que no se empleaban. Había uno para una escuela en la montaña, para un instituto, y no se fabricaba. Ese dinero iba a ese fondo y, entonces, como zar de todas las economías, Alemán repartía miles de miles de pesos.

LB: -. ¿En cuánto se estima lo robado por Alemán?
GP: -. En unos 170 millones de pesos.

LB: -. ¿A ti te dió algo? 
GP: - Recuerdo que una vez le dije que le quería hacer una entrevista y me preguntó: "¿Cuánto me cuesta?". Le respondí que nada. Me manifestó "que raro que a mí no me cueste nada".
En otra ocasión fui a entrevistarlo a su casa, en el reparto Kohly. Iba en el pisicorre de la CMQ, al llegar a la entrada del puente Almendares el vehículo se ponchó. Recuerdo que me acompañaba Juanito Pineda, grabador técnico. La cita era a las 3 y llegué a las 3 y 10 todo sofocado, sudado.
Me mandó a decir que no me recibía porque había llegado 10 minutos tarde. Le expliqué que el automóvil se me había ponchado; entonces accedió.
Al terminar la entrevista me preguntó si tenía automóvil, le respondí que no. Mandó a llamar a Sante - representante de una agencia vendedora de autos - y le dijo que el Cadillac azul que él tenía ahí para la Primera Dama de la República lo pusiera a nombre de Pinelli.

LB: -. ¿Se lo aceptaste?
GP:- En ese momento no le comenté nada, pero al día siguiente le escribí una carta en la que le agradecía el gesto, pero no le aceptaba el regalo pues mi tiempo era yo quién lo vendía y le ponía precio. Mi precio no era un automóvil.

LB: - ¿Pensaste alguna vez que Fidel sería capaz de hacer una Revolución Socialista?
GP: - Francamente, no. Pero siempre tuve una gran fe y esperanza en él.

LB: -. ¿Por qué?
GP: - Conocí a Fidel desde joven. Sabía de su ímpetu, de su audacia y de su talento. Él siempre ha tenido la rara visión de saber el final de las cosas. No todos los hombres saben el final de las cosas. Saben el principio, el final lo piensan, pero no tienen certeza de cuál va a ser. Fidel sí tiene esa certeza. Siempre ha tenido un poder extraordinario de captación. Es capaz de convencer a la Esfinge. La Esfinge habla si él se lo manda, por el poder de persuasión que tiene.

LB: -. ¿Tu momento más triste?
GP: - El día en que a mi hija Alina, de nueve años, su madre se la llevó para Canadá.

LB: -. ¿Más emotivo?
GP:- Nueve años después, cuando viajé al Canadá a ver a mi hija. Al encontrarnos y abrazarnos ninguno de los dos pudo hablar. Nada mas que llorábamos.
Esto es algo que agradeceré hasta después de muerto a Celia Sánchez, quien fue la que hizo posible este reencuentro. Una mujer que era el ángel guardián de la Revolución. Solo sabía sumar y multiplicar, no restaba. ¡Qué falta nos hace!

LB:- Ya que has hablado de tu hija, ¿cómo pudiste superar esa separación, esa ausencia? 
GP:- A base de muchas lágrimas y a base de muchas esperanzas. Las lágrimas de la ausencia y la esperanza de un futuro mejor.

LB: -. ¿Tu mejor amigo?
GP: -. Yo mismo.

LB: -. ¿Tu mayor enemigo? 
GP: - Yo mismo. No he tenido amigos ni enemigos carnales. Son "yo" espirituales que alimenté, quizás por masoquismo, quizás por ver cuál de los dos vencía.

LB: - ¿Cuál venció?
GP: -. No venció ninguno. Están en stand by, en reposo.

LB: - ¿Es cierto que tuviste un incidente con el Che en los días iniciales del triunfo de la Revolución?
GP: - No. Eso fue una villanía del periodista José Ramón González Regueral. Yo jamás conversé con el Che. Jamás. El día que estuve más cerca de él fue a 10 metros. Esa infamia ha quedado, sé que ha quedado. Pero la verdad histórica es que yo respeto y admiro mucho al comandante Ernesto Guevara.

LB: -. ¿Muy enamorado?
GP: - Me enamoro de todo lo bello. Me casé tres veces; pero mis mujeres me adoran. Fui muy respetuoso. Hice del amor un culto y del respeto a la familia otro culto. Nunca le fui infiel a ninguna de mis mujeres.

LB: -. ¿Cómo ves la muerte? 
GP: - Como algo muy normal. No le tengo miedo en absoluto. A lo único que le tengo miedo es a una enfermedad cruenta, larga, porque no quiero ver a nadie rondando alrededor mío, ni quiero ser tampoco objeto de molestia para los demás.

LB: -. ¿Quieres que te recuerden?
GP: - Sí. 

LB: -. ¿De qué manera?
GP: -. Como un cubano más. Un hombre que supo hacer reír en su momento. 

LB: -. También llorar.
GP: - Eso lo he conseguido, hacer reír y hacer llorar. Mucha gente piensa que eso es histrionismo. No. A veces cuando se hace reír, se está llorando por dentro.
En ocasiones una lágrima que no llega a cuajar la conviertes en sonrisa para los demás. De modo que a veces el dolor provoca risa y la risa provoca llanto.

1991

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