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MEMORIAS

ELOÍSA ÁLVAREZ GUEDES

De Unión de Reyes, una mañana, apreció en la capital habanera una figura que se convertiría en una de las más queridas artistas cubanas de todos los tiempos. Eloísa Álvarez Guedes nunca olvidó el terruño por dos razones. Una, es que nadie con corazón olvida la tierra de su primer grito para dar cuenta de su presencia en este mundo. Y segundo, porque allí fue donde comenzó su amor por el teatro.
Con cariño, en cada conversación, recordaba a un matrimonio español, Jesús Peval y su esposa Pilar, quienes hicieron nacer en su corazón el amor por las tablas. Incluso esta pareja, con la ayuda de la población, formó la primera Orquesta Sinfónica femenina en Unión de Reyes, de que se tenga noticias.
Sus primeros pasos aquí no fueron en el arte sino como obrera en una fábrica de añil y luego en otra de confecciones. Con una timidez que desaparecía solo cuando se subía al escenario, como impedimento recordaba en una entrevista para Juventud Rebelde, cómo muchas veces pensó trabajar en la emisora 1010, pero ello solo quedó en la intención porque nunca se atrevió a concretarlo.

También, en esa ocasión nos habló de su trabajo como taqui-mecanógrafa en el periódico Hoy, de cuya labor guardaba un gran recuerdo porque siempre se había sentido atraída por las ideas comunistas y allí encontró camaradería y solidaridad, a la vez que ponía su granito de arena a favor de esos ideales.
En el Teatro Popular de Paco Alfonso, participó en algunos ensayos de la obra Sancho Panza en la Ínsula Barataria, pero no pudo actuar porque problemas de trabajo se lo impidieron. Su inicio fue en Cadena Roja. Después trabajó en Radio Progreso y ambas labores, al principio, las hizo sin cobrar un centavo por sus actuaciones.
De su humanidad y amor sin límites hablan cuando se puso a hacer títeres con papier maché para darlos a un círculo infantil como una forma de contribuir con la sociedad ante la imposibilidad que tenía de asistir a la agricultura o a la microbrigada.
"Quiero mucho a los niños", decía, "y trato de actuar para ellos y acercármeles porque me temo que todos nosotros, los mayores, no siempre logramos comprenderlos bien."
Eloísa murió en La Habana el 25 de diciembre de 1993. 

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