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RAQUEL REVUELTA: LA LUZ QUE LO ALUMBRA TODO

Mario Vizcaíno Serrat   La Habana

Si por las razones que sean, la admiración hacia Raquel Revuelta queda dormida temporalmente, en días como estos, cuando La Habana es un templo al teatro, despierta irremediablemente. Es la lógica de tanta permanencia exitosa en las tablas, como actriz y directora.
A los 75 años, en pie a pesar de tantos amigos y enemigos que ya no están, Revuelta es una especie de luz que lo alumbra todo, o por lo menos casi todo, sobre el teatro. Con esa seguridad en sí misma que proporciona el tiempo, regala consejos que cualquier actor o director recibe como una bendición. 
Es un privilegio que no cae del cielo, desde luego, más bien es fruto de la perseverancia, el estudio, la constancia, unidos a un talento que le dio la fortuna de buena actriz desde que era casi una niña, cuando sin cumplir los 15 hacía de dama joven en una compañía.

Sin embargo, su talento ha ido en varias direcciones, de modo que ha tenido su reflejo en el cine a través de películas mexicanas como Morir para vivir, La fuerza de los humildes y La rosa blanca. También dejó para siempre su huella en el cine cubano, en cintas antológicas como Lucía, de Humberto Solás, en la que, a pesar del éxito, no quedó satisfecha, al punto de que añora verse de nuevo en un set en busca de la gran película de su vida que ha soñado tantas veces.
Premio Nacional de Teatro en Cuba, junto a su hermano Vicente Revuelta —otra leyenda teatral del país— Raquel no se ha dejado llevar por flautistas que pregonan experimentos en las tablas, y sigue aferrada a la tradición, incluso no le agrada que el teatro salga de las salas a ocupar otros sitios, aun cuando lo acepta de quien piense diferente. Ella es de las lunetas. Además, defiende con vehemencia joyas antiguas, por ejemplo, Pirandello, y puestas de personajes como Tartufo. A fin de cuentas, ¿cuántos Tartufo no hay ahora? Se siente inquieta, además, con tanta obra contemporánea insulsa, y aconseja mirar atrás, o dentro, a las raíces. 
Raquel Revuelta está satisfecha de haber interpretado a todos los personajes que ha querido, al extremo de que afirma que no hay ninguno en su tintero esperando por ella. Hay unos que la han marcado más que otros, como suele suceder. En su caso ha sido Juana de Lorena, con quien se ha identificado más. Mujer recia, de fuerte carácter, la notable directora y actriz asegura que hay aspectos de su personalidad coincidentes con los de Lorena. 
Intérprete de Doña Bárbara, la obra de Rómulo Gallego que la hizo definitivamente famosa en la Cuba de finales de los 70, Raquel Revuelta ha puesto en escena pocas piezas de dramaturgos cubanos de estos tiempos. Ha trabajado solo con Abelardo Estorino y Héctor Quintero, con quienes, asegura, ha tenido buenos vínculos. Su pasión, lo reconoce, es el teatro universal. 


A los 75 años, Raquel Revuelta es un símbolo del teatro en Cuba, gracias a una combinación feliz y maravillosa de talento, sensibilidad e inteligencia.

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