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En los diez últimos
años aparecieron una serie de obras, tanto literarias
como audiovisuales, que trataban el tema con pasión y
rigor. Lejanía, filme de Jesús Díaz estrenado en
1985, lo aborda de frente: cuenta la historia de una
madre que vuelve después de diez años de ausencia y se
reencuentra con su hijo y con la incómoda mirada de su
nuera. En 1986 se publica la novela de Rolando Pérez
Betancourt Mujer que regresa, y al año siguiente la de
Gustavo Eguren La espada y la pared, donde el que
regresa es un hombre que había sido enviado de niño a
los Estados Unidos y ahora está tratando de hallar sus
raíces. Una de las obras más logradas de esta etapa es
Weekend en Bahía, pieza del joven dramaturgo Alberto
Pedro, en la que una pareja no tan joven reanuda una
vieja relación amorosa que nos permite descubrir que ni
ella, que se fue, ni él, que se quedó aquí,
encontraron sus respectivos paraísos, porque al fin y
al cabo cada uno lleva dentro sus propios cielos e
infiernos, modelados casi siempre por experiencias muy
personales e intransferibles. Otro largometraje dedicado
íntegramente al tema es Vidas paralelas, de Pastor
Vega, estrenada en 1993: el doble conflicto simétrico
de uno que está aquí, y quiere irse, y otro que está
allá, y quiere volver. Más recientemente se estrenó
Reina y Rey, de Julio García Espinosa, cuya segunda
parte cuenta la historia de un matrimonio que viene de
visita, dispuesto a llevarse para Miami a la anciana que
fuera su criada, y nunca llega a saber que la anciana es
incapaz de abandonar a su perrito (que sin embargo la ha
abandonado a ella). Estela Bravo ha hecho reveladores
documentales sobre los cubanos concentrados en Perú y
los Estados Unidos, el último de los cuales es Havana-Miami, y Luis Báez publicó una interesante
colección de entrevistas, Los que se fueron... Estoy
citando de memoria y de pronto caigo en la cuenta de
que, después de 1968, fue hacia 1972, en la película
de Humberto Solás Un día de noviembre, donde creo
haber encontrado por primera vez el tema de la familia
dividida, aunque tocado tangencialmente (lo que también
ocurre, por lo demás, en filmes como Bajo presión, de
Víctor Casaus, en novelas como Las iniciales de la
tierra, de Jesús Díaz, en piezas teatrales como
Confesión en el Barrio Chino, de Nicolás Dorr...).
Podría hablarse asimismo de un cuento de Leonardo
Padura cuyo título no recuerdo y hasta del giro
sorpresivo mediante el cual se introduce el tema en
Fresa y chocolate..., pero en aras de la brevedad
terminaré refiriéndome a dos filmes que constituyen
también puntos de referencia ineludibles. El primero es
el cortometraje de ficción de Ana Rodríguez titulado
"Laura", que forma parte del largometraje
Mujer transparente, estrenado en 1990. "Laura"
es la historia de una muchacha que permaneció aquí y
está esperando a una amiga que "vuelve". Es,
de hecho, la historia de un examen de conciencia. Tiene
una de las secuencias más estremecedoras del cine
cubano de estos años, una secuencia breve, resuelta con
un montaje paralelo de multitudes, en imágenes de
archivo, gritando "¡Que se vayan!" y, en
contraposición, imágenes de los
"comunitarios", recién llegados, abrazando
conmovidos a sus familiares en el vestíbulo de un
hotel. Como podrán imaginarse, se trata de una mirada
crítica no exenta de amargura pero, al mismo tiempo, de
una gran autenticidad y lucidez. El otro filme es un
documental, en video, hecho por un equipo de
realizadores del ICAIC asesorado por Mercedes Arce.(2)
Está editándose todavía. Se grabó íntegramente en
Miami y otras ciudades de los Estados Unidos. Es el
testimonio de una decena de personas —todas mujeres,
por cierto— que formaron parte de los catorce mil
niños que entre diciembre del 60 y octubre del 62
fueron enviados por sus padres a los Estados Unidos en
el marco del Programa Peter Pan —o como nosotros le
llamamos, la Operación Peter Pan—. No creo que entre
las manipulaciones destinadas a desestabilizar a la
Revolución en los primeros años, haya habido una más
tortuosa que aquella relacionada con la supuesta
supresión de la patria potestad. En fin, se ha ido
acumulando un material que bien merece ser clasificado y
estudiado, porque sean cuales sean sus valores
artísticos, no cabe duda de que todos son testimonios
de una época y radiografías de uno de los traumas más
dolorosos y persistentes de nuestra sociedad.
En los últimos años
ha empezado a imponerse el criterio de que la cultura
cubana es una sola
—cualquiera que sea el lugar de
residencia de los escritores y artistas— y, en
consecuencia, han aparecido antologías donde están
representadas las dos partes, la que trabaja dentro y la
que trabaja fuera de la isla. Quien primero llevó a
cabo un proyecto de integración semejante
—quizás un
poco prematuro, pues apareció en 1981, frescas todavía
las secuelas ideológicas de Mariel— fue Edmundo
Desnoes con la atrevida y discutida compilación Los
dispositivos en la flor. Ahora, entre 1993 y 1994, más
de diez años después, aparecen en Madrid sendos
volúmenes dedicados al teatro y la poesía de "las
dos orillas", preparados por Carlos Espinosa y
León de la Hoz, respectivamente, y en la Michigan
Quarterly Review, los dos volúmenes editados por Ruth
Behar y Juan León. Todos han suscitado polémicas,
tanto acá como allá. Creo que en ambos lados la
mayoría vota a favor, pero hay algunos —los menos—
que dicen: "Juntos, ni muertos", y otros, más
flexibles y numerosos, que se limitan a advertir:
"Juntos, pero no revueltos". A mediados de
1993, La Gaceta de Cuba —uno de los órganos literarios
de la UNEAC, interesado en dar a conocer aquí la obra
de los cubanos que se iniciaron como escritores en el
extranjero—— me pidió que le preparara sendos dossiers
con los autores más representativos de cada género. Ya
han aparecido dos, el primero dedicado a los ensayistas
y críticos, y el segundo a los cuentistas; y está a
punto de aparecer el tercero, dedicado a los poetas.(3) Es
nuestra manera de afirmar, en la práctica, que la
cultura cubana es una sola, lo que no quiere decir que
estemos tratando de inventar una nueva versión del
paraíso —esta vez un paraíso letrado— sin
contradicciones, malentendidos o polémicas.
NOTAS
l. Intervención en
el Encuentro "Cultura e Identidad Nacional"
(Universidad de La Habana, 23-24 de junio de 1995).
2. Aludo a "Del otro
lado del cristal" (1995), cuyo equipo de realización
incluye a Marina Ochoa, Manuel Pérez Paredes y
Guillermo Centeno. [Nota adicional, para los usuarios de
la Editorial Electrónica "CubaLiteraria": En
marzo de 2001 se estrenó la película de Humberto
Solás "Miel para Oshún", que trata sobre un joven
cubano-americano que vuelve a Cuba, al cabo de treinta
años, para tratar de encontrar a su madre.]
3. Apareció en el
cuarto número del año bajo el título de "El
discurso de la nostalgia". Más recientemente
(jul.-agost. 1998) se publicó el dedicado a los
novelistas ("Erotismo y humor en la novela de la
diáspora"). Véanse los sumarios respectivos en
"Los dossiers de La Gaceta", primer apéndice
del volumen Memorias recobradas. Introducción al
discurso literario de la diáspora. Santa Clara,
Ediciones Capiro, 2000.