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MALDITOS HABANOS

El babalawo López V. pronostica que todo vínculo entre Estados Unidos y los tabacos cubanos está maldito. ¿Profesía digna de tener en cuenta? ¿Charlatanería? Saque usted sus propias conclusiones

Reinaldo Taladrid | La Habana


—¿Qué te preocupa?”, me preguntó López V., babalawo y amigo del Cerro, al tropezarnos en una esquina de Miramar.
—Nada grave; tengo que escribir sobre tabaco y nunca he fumado.”
—Ten cuidado... El otro día consulté a un americano y todo lo que es Estados Unidos y tabaco cubano está maldito—, fue su imprevisto comentario.
—Ok, lo tendré en cuenta—, respondí sin prestar mucha atención.
Horas después, mientras me rompía la cabeza en mi casa a causa del dichoso articulo, empecé a recordar algunas historias sobre tabacos cubanos y políticos norteamericanos y, asombrado, terminé haciéndome la pregunta: ¿será verdad la profecía de López V.? ¿Será verdad que los famosos habanos encierran una maldición? Veamos.

Año 1962

Locación. La Casa Blanca: el emperador Kennedy está a punto de firmar una absurda ley que bloquea la pequeña isla, de donde vienen sus apreciados tabacos, tan importantes en los paseos en yate desde Hyanis Port, o las citas con Marilyn. De pronto se da cuenta de que una vez firmada la ley, no podrá volver a fumar sus invaluables habanos (nunca he entendido bien por qué eso de Habanos, si los mejores son de Pinar del Río y no de La Habana). ¿Qué hace? Manda a buscar a uno de sus asesores, al parecer el mismo que lanzó a la fama Kevin Costner en su película “13 Días”, alguien que en la vida real era un simple asistente administrativo.
El asesor recibe la muy secreta misión de comprar centenares de los mejores tabacos disponibles y la firma de la tan importante e inaplazable Ley de “Embargo” a Cuba esperó por una compra minorista —quizás fuera decisivo el placer que cuentan sentía Marilyn Monroe por el humo de un buen tabaco. 
¿Cuál era la prioridad: “contener al comunismo en Cuba, recuperar la isla rebelde o complacer a Marilyn?, se pregunta uno cuando conoce esta anécdota. ¿Influyeron los tabacos cubanos en el trágico destino final del joven e inteligente presidente?

Años 1996 y 97

Un nuevo emperador, también joven e inteligente, que toca saxofón y tiene como ídolo a JFK se encuentra en medio del mayor escándalo sexual que haya conocido la nueva Roma desde su consolidación. Después de una cacería digna de la Inquisición, el emperador se ha visto en la humillante posición de reconocer que tuvo “relaciones inapropiadas” con la interna Monica Lewinski. La nación debate las implicaciones a diario. En algún momento el debate amenaza con subir de tono. ¿La causa?: un habano.
Si había sido cubano el tabaco que —según se narra en las declaraciones jurada— usaba el emperador como herramienta de placer sexual en sus “relaciones inapropiadas” con la senorita Lewinsky, entonces el emperador había violado una ley federal (el bloqueo). Y si había cometido ese grave delito (hasta 5 años de prisión o 250 000 dólares de multa o ambos), pues sencillamente había “comerciado con el enemigo”. Así describía la nueva situación el ultraconservador comentarista radial Russ Limbaugh, en uno de sus programas en vivo, desde donde decidió llamar a la Casa Blanca y pedir una explicación. La respuesta la fue inmediata y lacónica: “no comment
Pero el asunto resultó más complicado de lo que parecía. Una fuente con acceso ocasional a la residencia imperial confió a quien escribe que el tabaco de la disputa criminal sí era cubano. El informante fue quien se lo regaló. Sin embargo, cuando comenzó este nuevo giro del superescándalo, las cajas que quedaban (del tabaco maldito, o sea el cubano) fueron sacadas de la residencia imperial por familiares presidenciales hacia Camp David, primero, y luego, a destino desconocido.

¿Cierta o falsa esta afirmación? ¿Fue efectivamente cubano el tabaco de la disputa que pudo poner al emperador en prisión por “comerciar con el enemigo”? Nunca se sabrá con certeza. Hasta hoy algunos dan fe de este testimonio y otros lo niegan, aunque lo que sí parece confiable es que Mónica, a diferencia de Marilyn, no se fijaba demasiado en la marca de los “tabacos del placer”.

Abril de 2001

El emperador sobrevivió al escándalo sexual y ya está en retiro. Hay uno nuevo que, cuentan, ha preferido en su carrera, antes que los malditos habanos, el licor o algunos polvos de color preferiblemente blanco.
El ex emperador, feliz con su reducida guardia pretoriana que lo protegerá de por vida, hace escala en Londres en viaje hacia la India. En el aeropuerto mira distraído los suntuosos escaparates y, de pronto, ahí están. Impúdicos, detrás de la vidriera, se asoman los tabacos cubanos, deliciosos, ilegales, eróticos, generadores de conflictos. ¡Ah!, el humo. ¡Ah!, los buenos días educacionales con la agraciada interna. ¿Qué hacer en la tierra que creó a Hamlet? ¿Qué hacer con su indecisión? Los vuelve a mirar. ¿Fumarlos o no fumarlos?, ¿violar aunque sea simbólicamente la sagrada ley del embargo, ahora que es sólo un ex emperador?, ¿hacer lo que siempre ha querido hacer ?
Cuentan que, sin decir una palabra, llegó hasta al mostrador y los compró, para sorpresa de todos los que lo rodeaban. Al ver el asombro de la guardia pretoriana tomó la más sabia de las decisiones: “tabacos para los muchachos también”. Si ha de probarlos, que los prueben todos juntos.

                             Abril del 2001

La senadora Blanche Lincoln, demócrata del Estado de Arkansas, se ve sorpresivamente atacada por la maldición de los habanos. La señora, quien había viajado a Cuba el año pasado, regresa del archipiélago con dos bellísimas cajas de tabacos firmadas por el presidente cubano Fidel Castro. Per de súbito se convierte en el epicentro de un conflicto kafkiano: prohibido quedarse con los apreciados habanos.
Después de una ardua y difícil negociación alcanza un acuerdo que haría palidecer al mismísimo Salomón. La senadora tendrá que devolver los tabacos a la Sección de Intereses de Cuba en Washington, aunque podrá conservar en su despacho las cajas vacías y firmadas por Fidel.

Conclusión: si a partir de los hechos narrados quiere analizar desapasionadamente la certeza o no de la profecía del babalawo López V., hágalo, pero no me pregunte. Saque Ud. sus propias conclusiones.

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