DANZAS Y BAILES POPULARES TRADICIONALES

Lic. Caridad B. Santos Gracia 

A través de la Historia, las manifestaciones danzarias han constituido un medio para satisfacer las necesidades espirituales del Hombre. Ya desde los remotos tiempos de la comunidad primitiva, estas expresiones corporales estuvieron estrechamente vinculadas con su vida, no sólo como forma de satisfacción espiritual, sino también para cumplir importantes funciones sociales al ser utilizadas como medio de comunicación y de dominio de las fuerzas de la Naturaleza. 
Danzas de este carácter existían en suelo cubano a la llegada del conquistador. Sin embargo, a diferencia de lo acontecido en el resto del Continente Americano --cuyas poblaciones autóctonas, más numerosas y poseedoras de un mayor grado de desarrollo cultural, pudieron sobrevivir al embate de la Conquista--, en Cuba, la mayoría de las expresiones danzarias, que formaba, de modo paulatino, parte del areíto, fue desapareciendo, en la medida en que se diezmaba la población aborigen. Igualmente, ocurrió con otras de sus manifestaciones espirituales.
Por ello, a diferencia del resto de los países latinoamericanos, donde el ascendente prehispánico desempeñó una de las funciones principales en la formación de sus bailes tradicionales, el universo danzario cubano es resultado de un largo proceso de aportes multiétnicos, cuyos principales componentes fueron las migraciones de las diversas regiones de la Península Ibérica e Islas Canarias, así como las del Africa occidental subsaharana, a las cuales se agregaron luego las distintas migraciones provenientes de algunas regiones de China y del área del Caribe (Jamaica y Haití, principalmente). Es apreciable en las expresiones danzarias tradicionales, elementos propios de la tradición hispánica y otros correspondientes a las diversas etnias africanas que comenzaron a llegar a Cuba desde el siglo XVI.
Las procedentes de las distintas regiones de Europa, aunque en su mayoría se vincularon con la celebración de festividades religiosas --patronales y Altares de Cruz-- carecían de todo carácter religioso, pues tenían como objetivo esencial el establecimiento de relaciones y cohesión social de los individuos, a la vez que contribuían a su divertimiento y regocijo. Son, en lo fundamental, bailes de parejas, propiciadores del acercamiento de los sexos y del sentido de galanteo como elementos primordiales. 
Todas las expresiones danzarias legadas por los distintos grupos migratorios, durante los primeros siglos, se transformaron en el proceso de adaptación a las nuevas condiciones socio-económicas, políticas y territoriales donde se arraigaron, lo que originó manifestaciones como el zapateo --con sus variantes de interpretación-- y otras expresiones propiamente cubanas, como las formas danzarias derivadas de la contradanza, que transcendió el ámbito de los salones y pasó a formar parte del patrimonio popular. 
Los grupos étnicos subsaharanos, también portadores de una rica tradición danzaria, reprodujeron las danzas religiosas dirigidas a sus deidades --que se sincretizaron entre sí y con las de la religión católica--, así como otros bailes, cuya motivación principal era la diversión.
A fines del siglo XIX, ya es posible apreciar la existencia en Cuba de géneros populares que conjugan elementos aportados por inmigrantes hispánicos y africanos y sus descendientes. Este es el caso del complejo de la rumba y el complejo del son, de gran vigencia actual y difundidos por todo el país, con múltiples modalidades locales. 
Las danzas tradicionales cubanas poseen gran una importancia dentro de la identidad cultural, pues aportan elementos que caracterizan al pueblo. Ellas, al igual que el resto de las manifestaciones de la cultura tradicional, adquieren un carácter colectivo al ser creadas, asimiladas y trasmitidas como vía de satisfacción de intereses expresivos con diferentes significados sociales. 
La presente investigación completa los estudios que, en forma aislada e individual, o promovidos por algunas instituciones, se han estado realizando en relación con los diferentes géneros danzarios tradicionales existentes en Cuba. Se posibilitó el conocimiento de la problemática danzaria tradicional con la delimitación de su vigencia e historicidad en todas las zonas del país, lo que permite inferir el valor de cada una de ellas. De igual modo, se realizó la caracterización de los grupos danzarios, considerando los pasos, movimientos, posiciones, formaciones y coreografía en general; los antecedentes étnicos, la indumentaria y los accesorios que se utilizan en las diversas danzas, en concordancia con las variantes regionales existentes. Esto se ha logrado a partir de agrupamientos que han ordenado todas las expresiones corporales existentes, de acuerdo con tres elementos básicos: motivación, forma que adoptan y antecedentes étnicos. 
La información que aparece registrada cartográficamente, es el resultado del análisis de los datos recopilados en el trabajo de campo, obtenido mediante la aplicación de cuestionarios a personas que poseían conocimientos de una o más expresiones danzarias, así como por el estudio de las fuentes escritas existentes sobre el tema. 
El zapateado en Cuba sufrió modificaciones, lo cual originó variantes como sucede en el resto de los países hispanoamericanos. Los análisis morfológicos de estos bailes corroboran su analogía con formas de realización en la Península Ibérica, lo cual reafirma su indiscutible hispanidad.
El zapateo cubano que alcanzó su mayor auge en la segunda mitad del siglo XIX y se mantuvo hasta el primer cuarto del siglo todavía es recordado en la mayor parte del territorio cubano. De las tres modalidades estudiadas: Majagua, Najasa y Holguín sólo se mantiene vigente la variante primera, en la provincia de Ciego de Avila, relacionada con las fiestas campesinas de bandos. 
Es de gran interés constatar que en el período en el que se realizó la recopilación de este trabajo todavía eran recordadas por numerosas personas, al igual que en el caso del zapateo, las formas de ejecución de las danzas denominadas, de salón o de cuadros, llegadas a Cuba principalmente a través de Francia y de España, desde fines del siglo XVIII y durante el XIX, las que alcanzaron su mayor desarrollo en el país en esta última centuria.
Estas danzas que, en sus inicios, sólo fueron practicadas por las clases media y alta de la sociedad cubana de entonces, trascendieron el marco de los salones y llegaron a los grupos locales más amplios, lo que les imprimió modalidades nuevas y coadyuvó a mantenerlas vivas durante más de un siglo, vinculadas, sobre todo, a las festividades tradicionales del pueblo cubano. Debido a esto, algunas de estas expresiones forman parte de la cultura popular tradicional y se incluyen bajo la denominación de bailes de salón, los que, en su mayoría, han dejado de practicarse. 
En el complejo del son están comprendidos los bailes del son montuno, los que se extienden por el territorio cubano; el changüí, propio de algunos de los municipios de la zona oriental y el sucu-sucu, en el actual Municipio Especial Isla de la Juventud. 
Durante la investigación, se obtuvieron informaciones sobre variantes del son montuno, las que, en su mayoría, hoy no están vigentes.
Las congas y comparsas son formas danzarias que se caracterizan por poseer un desplazamiento u ordenamiento procesional y se acompañan con música y cantos. Ambas presentan una amplia difusión y adoptan diferentes denominaciones en el ámbito nacional. Entre las congas-bailes sin estructura coreográfica--, se incluyen las de carnaval de las zonas occidental y central del país. Las congas políticas y la rumba camagüeyana, los changüí de charangas (occidental) y de parrandas (central) y el montompolo de Santiago de Cuba también presentan características análogas que permiten clasificarlos en este grupo.
En las comparsas --bailes que presentan una estructura coreográfica--, se incluyen las comparsas artísticas de carnaval de las zonas central y occidental, los paseos de la región oriental, la conga camagüeyana y la oriental, así como los montompolos de Guantánamo y Holguín. La mayoría de estas manifestaciones está vigente.
Estas expresiones también estuvieron estrechamente relacionadas con la celebración de otras festividades no carnavalescas como las fiestas patronales y laborales, donde era común la celebración de verbenas o ferias y en las que se organizaban congas y comparsas, que representaban los diversos barrios. 
El complejo de la rumba está constituido por los bailes: yambú, guaguancó y columbia. De ellos, sólo el guaguancó y la columbia se practican hoy, así como la jiribilla, variante de la columbia. La mayor difusión de este complejo danzario se presenta en las provincias habaneras, Matanzas y Villa Clara y con una difusión menor en el resto del territorio. El guaguancó y la columbia son las formas danzarias de este complejo que más se bailan en Cuba.
Las danzas asociadas al sistema religioso de la santería están muy extendidas por todo el país. Ellas poseen una amplia gama de modalidades y estilos, conformadas por infinidad de pasos y movimientos pantomímicos, los que responden a las motivaciones y formas de danzar de cada oricha e íntimamente relacionadas con sus historias y tradiciones. Las danzas dedicadas a los diferentes orichas: Elegguá, Oggún, Ochosi, Inlé, Babalú Ayé, Obatalá, Aggayú Solá, Los Ibeyis, Changó, Oyá, Yemayá y Ochún predominan en el área occidental, pero abarcan un área muy extensa en el país, con variantes en su ejecución y en otros elementos entre la región occidental y oriental. 
En la zona oriental no se cumple el orden estricto en la ejecución de cada una de las danzas; las de mayor incidencia son las dedicadas a San Lázaro (Babalú Ayé) y Santa Bárbara (Changó). También se presenta el orillé --baile en círculo, característico del espiritismo de cordón -- y expresiones danzarias del sincretismo de la santería con el palo monte. Este último predomina en dos municipios de la provincia de Santiago de Cuba. En este estudio también se señalan los nombres de algunos grupos tradicionales y cabildos que aún están vigentes. 
Las danzas de los ritos iyessá son muy similares a las de la santería y aunque estuvieron diseminadas por algunas provincias durante el pasado y el presente siglo, en la actualidad sólo se mantienen en la ciudad de Matanzas y en la provincia de Sancti Spiritus. 
Los bailes vinculados con las fiestas y los ritos de palo monte (de antecedente bantú), se manifiestan principalmente en las regiones occidental y central, aunque se registran también en algunos municipios de las provincias orientales de Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo, en general, cruzados con los cultos de santería. El factor religioso es muy importante en estas expresiones. En este grupo poseen una connotación ritual, los bailes denominados palo, kinfuiti, makuta, garabato y basunde, así como los dedicados al culto de las distintas entidades o fuerzas de la Naturaleza. También se realizan otros bailes que, aunque tienen una aparente motivación festiva, no se pueden desvincular de un posible antecedente religioso. Entre ellos, la yuka, el maní, la ombligada, la masinga y la managua. El baile del tambor yuka, es el que tuvo una mayor incidencia y fue revitalizado en la provincia de Pinar del Río.
También es necesario señalar la existencia de otros bailes de antecedente africano, provenientes de grupos étnicos que, a pesar de estar más concentrados territorialmente, en Cuba, forman parte también de las tradiciones danzarias del país. Entre ellos se encuentran los bailes arará, representados por diferentes grupos, en las provincias occidentales y centrales, principalmente en Matanzas y Cienfuegos. También se aprecian elementos característicos de estos cultos, pero sincretizados con la santería, en Pinar del Río, Ciudad Habana, La Habana y Villa Clara. Estas manifestaciones danzarias, en su forma más pura, se ejecutan en la provincia de Matanzas (municipios de Perico, Jovellanos, Cárdenas, Agramonte y Matanzas). 
Cada una de sus deidades, denominadas foddún, tiene muy definidos sus bailes propios, en los que predominan los elementos miméticos. Los rasgos sicológicos de estos foddunes son muy parecidos a los de la santería, mientras que sus diferencias principales están dadas por la ejecución de sus pasos y movimientos. 
Las sociedades secretas masculinas denominadas abakuá poseen sus bailes característicos y en todas sus ceremonias intervienen entes enmascarados llamados íremes --conocidos popularmente como diablitos--. Estas expresiones danzarias sólo se mantienen en las provincias Ciudad de La Habana y Matanzas, lugares donde se concentran estas sociedades.
Los bailes de los ritos denominados gangá, aunque a fines del siglo XIX y principios del XX se manifestaron en diversas regiones de la provincia Matanzas, actualmente sólo se encuentran en uno de sus municipios: Perico. Al igual que en la santería, cada deidad presenta sus bailes característicos acordes con la tradición que las sustenta. 
La migración de franco-haitianos y de sus dotaciones de esclavos hacia Cuba, como consecuencia de la Revolución de Haití, a fines del siglo XVIII, favoreció la creación de sociedades de socorro y ayuda mutua, denominadas de Tumba Francesa, las cuales sólo se mantienen en las provincias Santiago de Cuba y Guantánamo. Sus danzas, nombradas fronté, yuka y mazún poseen el estilo de los bailes de salón franceses y son practicadas hoy por sus descendientes cubanos en las provincias señaladas y en la localidad de Bejuco, provincia de Holguín, como resultado de la revitalización cultural realizada.
Los haitianos llegados a Cuba en el siglo XX, se asentaron principalmente en la región oriental (Ciego de Avila, Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo) y en algunos municipios de Villa Clara y Sancti Spiritus. Sus danzas, todavía practicadas por grupos tradicionales de haitianos y sus descendientes, comprenden manifestaciones de carácter laico y religioso, asociadas a cantos de trabajo y otras que consideramos con doble acepción al ser utilizadas en ambas festividades. Actualmente, se destaca, en el período de la Semana Santa, la práctica del Bande-Rará o Gagá, que recorre los bateyes, donde residen los haitianos y sus descendientes en algunas provincias como Ciego de Avila, Camagüey, Las Tunas y Santiago de Cuba. 
Los canarios asentados, principalmente, en las zonas occidental y central del país (Pinar del Río, La Habana, Cienfuegos, Villa Clara y Sancti Spiritus), sólo mantienen vigentes sus tradiciones danzarias en algunas localidades de Sancti Spiritus. 
La influencia de los bailes gallegos y catalanes se constata en las provincias Ciudad de La Habana y Matanzas, en festividades denominadas Colla de Sant Mus y Colla de Monserrat. 
Por último, la presencia de inmigrantes jamaicanos se destaca en algunos municipios de las provincias de Ciego de Avila, Camagüey, Las Tunas, Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo, así como en Ciudad de La Habana (municipio Marianao). En el Municipio Especial Isla de la Juventud, estas manifestaciones musicales-danzarias son practicadas por los caimaneros (inmigrantes de la Isla de Gran Caimán y sus descendientes), conjuntamente con el sucu-sucu pinero. Los bailes de antecedente jamaicano no están vigentes en las provincias señaladas, excepto en Ciego de Avila, donde aún se hallan algunas manifestaciones en el municipio Baraguá. 
Muchas de las danzas que hemos mencionado son actuales en algunos municipios y provincias del país; otras, que poseían un carácter histórico, en muchos casos, se han rescatado en el repertorio de numerosos grupos de artistas aficionados y profesionales, lo cual ha contribuido al enriquecimiento del quehacer cultural de muchas localidades del territorio nacional.