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NACE LA NUEVA TROVA

El I Encuentro Internacional de la Canción Protesta tuvo un verdadero efecto de agente catalizador dentro de nuestro contexto político-musical comprometido con su realidad social, en el cual existían puntos de contacto y de plena identificación con los principios de la nueva generación de creadores que iban surgiendo.

Clara Díaz | La Habana  

Del 24 de julio al 8 de agosto de 1967 habría de celebrarse en nuestro país el I Encuentro Internacional de la Canción Protesta, convocada por la Casa de las Américas, que posibilitó la reunión de creadores de dieciséis países de cuatro continentes, en un momento de convulsión política en el ámbito internacional -guerra de Vietnam y agudización de la represión dictatorial en América Latina.

La Resolución Final de este Encuentro dejaba manifiestos los principios ético-artísticos de sus participantes, al decir:

La canción es un arma al servicio del pueblo, no un producto de consumo utilizado por el capitalismo para enajenarlo. (...) La tarea de los trabajadores de la Canción Protesta debe desarrollarse a partir de una toma de posición definida junto a su pueblo, frente a los problemas de la sociedad en que vive (...)1

Durante tres días se efectuaron sesiones de trabajo en donde los delegados analizaron los aspectos definidores de este tipo de mensaje musical de extracción popular, así como las vinculaciones del movimiento con la lucha de liberación de los pueblos oprimidos contra la discriminación racial y con la Revolución Cubana. Allí los delegados describieron las trayectorias de la canción política en sus respectivos países, y se debatieron opiniones en relación con los temas que luego se plantearían y analizarían en la combativa y militante Resolución Final del Encuentro.

Como expresara uno de los participantes, el cantautor uruguayo Daniel Viglietti:
... el encuentro fue la oportunidad de descubrir que si alguna vez habíamos caído en el error de pensar que estábamos solos, no estábamos solos. Nos encontramos desde todos los continentes la misma actitud de búsqueda, de denuncia, una formulación más o menos parecida (...)2

Es así que el I Encuentro Internacional de la Canción Protesta tuvo un verdadero efecto de agente catalizador dentro de nuestro contexto político-musical, tras la recién dejada estela de un canto vigoroso, comprometido con su realidad social, en el cual existían puntos de contacto y de plena identificación con los principios de la nueva generación de creadores que iban surgiendo en nuestra realidad nacional.

Poco tiempo después, en el mes de octubre, se creaba el Centro de la Canción Protesta, donde se agruparían los jóvenes valores que cultivaban este tipo de canción social o comprometida. Los creadores empezaban a encontrarse, de esta forma, descubiertos en intereses comunes, y conformaban una agrupación que ya comenzaba a recibir, en este sentido, una "aceptación oficial". (Recordemos el papel tan importante que al respecto desempeñó durante esta etapa la directora de la Casa de las Américas, Haydée Santamaría.)

Los nombres de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, fundamentalmente se abrían paso, con canciones de contenido revolucionario y popular que no abandonaban la calidad poético-musical. "La era está pariendo un corazón" (1967), de Silvio, y "Por qué" (1967), de Pablo, son dos de los ejemplos que desde aquella etapa muestran el amplio grado de acogida que en nuestro público, y sobre todo en nuestra juventud, tuvo la producción musical de estos creadores.

El "Resumen Cultural Anual" del periódico Juventud Rebelde expresaba en 1968:
Sin duda, uno de los fenómenos más interesantes dentro del campo de la música ligera, lo es el surgimiento de un grupo de jóvenes compositores en la línea de la canción comprometida. Constituyen por primera vez, punto de atención de las amplias capas populares. (...) Este grupo constituye el embrión de un incipiente movimiento que es indicador, de que no pasaría mucho tiempo sin que nuestra música volviera a ocupar el sitial que le corresponde dentro del movimiento musical mundial. 3

Queda señalar, además, que el Centro de la Canción Protesta no sólo posibilitó el Encuentro y se convirtió en sede de información para estos jóvenes talentos, sino que propició su comunicación con las grandes masas, mediante actividades programadas entre estudiantes, obreros fabriles, portuarios, soldados, etcétera, y con su presencia en los programas televisivos.

Al respecto, una experiencia aislada existía desde mediados de septiembre de 1967, cuando apareció dentro de la programación del Canal 4 de la televisión un espacio musical novedoso para el momento, cuyo objeto era divulgar la obra del joven compositor Silvio Rodríguez. Mientras tanto era lanzado al aire, durante treinta minutos de cada noche dominical, en medio de la polémica acerca de la "crisis" existente en nuestra música popular, y se encaraba, por su propia concepción, a programas que aún respondían conservadoramente al cliché capitalista. Su colectivo de trabajo -integrado por Eduardo Moya (director), Víctor Casaus (guionista), René Azcuy (diseñador) y Silvio, como figura central del programa- manifestaba en su proyección un replanteo en cuanto a la concepción de la televisión nacional de la época. El primer nombre que se pensó para este espacio fue el título de la canción de Silvio "Un apagado ruido azul"; pero, finalmente, se escogió otro, también perteneciente a una canción de este compositor, que, además, serviría de tema musical para comenzar el programa, que respondía a las nuevas concepciones.

En su primera presentación participaron como invitados Teresita Fernández y Guillermo Rodríguez Rivera, pues el programa se había concebido de manera que se estableciera una vinculación estrecha entre las diferentes manifestaciones artísticas, y la presencia de invitados respondía a ese sentido. El espacio impactó, y, sobre todo, se convirtió en una ruptura con la programación musical anterior, en cuanto a su concepción. Comenzaron así a aglutinarse a su alrededor, entre otros, el grupo Sonorama Seis, Omara Portuondo, Leo Brower, Luis Rogelio Nogueras, aparte de los ya citados anteriormente.

Sin embargo, a pesar de su gran aceptación por el público, sobre todo el público joven, este programa de interés novedoso en su momento generó muchas contradicciones, y principalmente reacción por parte de tendencias conservadoras del ICR. Es por tal razón que no se mantendrá en el aire por mucho tiempo y desaparece de la programación a los pocos meses, en abril de 1968.

No obstante su corta vida, Mientras tanto desempeñó un papel importante dentro de su contexto, y se enarboló como una declaración de principios de la vanguardia creadora del momento. En el plano particular de la música, las canciones de Silvio allí interpretadas, como "Nuestra ciudad", "Mientras tanto", "Y nada más", "Alguien", "Qué distracción", entre muchas, se anunciarían francamente retadoras, ante la imagen de "crisis" de la canción popular que existía en esta época.

Después de desaparecido Mientras tanto, surgirían -como ya señalamos- los programas televisados del Centro de la Canción Protesta, donde aparecían Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola y otros. Estos espacios, con el nombre genérico de Encuentro con la Canción Protesta, se realizaban una vez al mes con la asistencia de gran cantidad de jóvenes, que participaban y cantaban junto a los trovadores. A partir de entonces, indiscutiblemente, el ambiente se había hecho favorable para la creación y desarrollo de un significativo movimiento de vanguardia dentro de nuestra cancionística popular.

Otras figuras que se desenvolvieron alrededor de esta tendencia en la época fueron Martín Rojas, Eduardo Ramos, Belinda Romeu, Vicente Feliú, y los cuartetos Los Dimos y Los Cañas, primeras agrupaciones que incorporaban a su repertorio canciones de contenido político. De la misma forma, se sumarían a este grupo las conocidas cantantes Elena Burke y Omara Portuondo, quienes se ocuparían de divulgar obras de Silvio y Pablo.

El Centro de la Canción Protesta funcionó dos años, durante los cuales, mensualmente, se organizaban actividades y encuentros con la canción de contenido social. Muchas canciones surgieron de estos encuentros, y con motivo de los programas que se hacían todos los meses en la televisión.

A fines de 1969 es creado el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, en cuyo surgimiento coinciden factores coyunturales. Uno de ellos es la imposibilidad económica por parte del Centro, de ofrecerles una atención sistemática -referente a recursos materiales- a los jóvenes creadores, lo cual lleva a su desaparición. Por su parte, el ICAIC sí creaba condiciones para acoger y atender a un grupo de músicos que contribuyeran con su obra al respaldo musical de la nueva producción fílmica del organismo. Influiría, además, la información recogida por parte de la Dirección de este organismo en relación con la gran fuerza del movimiento de la Nueva Canción en Brasil, donde se hallaban puntos de contacto con el fenómeno musical que se estaba manifestando en nuestro país.

A partir de todo esto, se reiniciará una agrupación de jóvenes creadores, esta vez con sede en el ICAIC, y se integrarían de inicio Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Eduardo Ramos, Servio Vitier, Leonardo Acosta, y posteriormente Emiliano Salvador, Pablo Menéndez, Sara González y Amaury Pérez.

El objetivo de la Dirección del ICAIC era reunir un grupo de creadores que estaban dispersos, y realizar un trabajo colectivo, analítico, profundo, político y social, de la música popular, bajo la dirección de Leo Brower. El nombre del Grupo de Experimentación Sonora sería el indicativo del sistema de trabajo que se habían propuesto: un análisis experimental del producto musical.

Con excepción de algunos pocos con conocimientos técnicos complementarios, como es el caso de Sergio Vitier, el resto eran aficionados, en este sentido. De ahí que la primera etapa fuera de estudio intensivo y formación, para lo cual se creó un curso especial de año y medio, con el fin de preparar técnicamente a estos jóvenes. Laborarían aquí, como profesores, Leo Brower, Federico Smith, Juan Elósegui, y otros.

A fines del propio 1969 se realizó la primera grabación del Grupo, con una guitarra, una flauta y un llavero como percusión. Sería éste sólo el comienzo para la grabación de cientos de números musicales: creaciones colectivas, canciones, instrumentales, y otras que unían todos esos renglones diversos. Para todos y cada uno de los creadores que integraron el Grupo, el trabajo realizado durante esta etapa constituyó una verdadera escuela, donde obtuvieron conocimiento técnico, oficio, disciplina y rigor en la labor de la creación. Como resultado de este intenso período de trabajo, hizo el Grupo de Experimentación la musicalización de una amplia producción fílmica -documentales y largometrajes-, y realizó la grabación de ocho LD, además de ofrecer recitales en vivo.

Notas
1- Resolución Final del Encuentro Internacional de la Canción Protesta, Casa de las Américas, 1967
2- Daniel Viglietti. "Daniel Viglietti, el oficio de la expresión". Revolución y Cultura (La Habana) (78): 22, febrero de 1979.
3- "Resumen Cultural Anual". Juventud Rebelde (La Habana), 31 de diciembre de 1968:4.

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