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LA RECETA DE ROOSEVELT
Lisandro Otero
| México
En situaciones sombrías, como la presente la memoria retorna, buscando paralelos en el tiempo. América Latina atraviesa devaluaciones, desempleo, inflaciones, alza de intereses. El efecto tango amenaza a toda la región y la inestabilidad brasileña se une al "atorón" mexicano.¿Qué otra época hubo tan riesgosa como ésta? ¿Qué recesiones padecieron nuestros padres, cómo salieron de ellas?
La referencia obligada es la depresión del año 30 en Estados Unidos, después del crac bancario de 1929. Los bancos permanecían cerrados. Trece millones de desempleados vendían manzanas en las calles para sobrevivir. La producción industrial había disminuido un 56 por ciento. Los agricultores vivían una situación de inopia. Las sequías y las quiebras determinaron escasas cosechas y refacciones nulas.
Entonces fue electo Presidente el demócrata Franklin Delano Roosevelt, con casi 23 millones de votos, contra los 15 del republicano Herbert Hoover. Tan pronto tomó posesión, Roosevelt implementó una serie de audaces y rápidas
dispo- siciones para aliviar los efectos devas- tadores de la crisis financiera en su país.
La primera medida fue organizar una Administración Federal de Emergencia (FERA), encargada de entregar fondos del estado a diversas agencias del gobierno en proceso de gestación para aliviar las urgencias. Inmediatamente se abrió la Corporación de Reconstrucción Financiera (RFC), para restaurar los créditos interrumpidos y organizar la reapertura de aquellos bancos en condiciones de hacerlo. El RFC se empleó, sobre todo, en otorgar préstamos de bajo interés, directamente a los pequeños comerciantes.
Enseguida Roosevelt fijó su atención en el campo y fundó la Administración de Ajuste Agrícola (AAA), para dictar los precios de los productos de la tierra, elevándolos para incrementar el porciento de la riqueza nacional captado por el sector agrícola. Aunque ello desató una leve inflación, fue posible sortearla. A la vez el gobierno canalizó la emigración de los desempleados urbanos a áreas de cultivo, para incrementar la oferta de mano de obra en la agricultura.
En el otoño de 1933 Roosevelt se salió del patrón oro y aumentó el contenido de plata de cada dólar, con lo cual abarató la moneda para los inversionistas extranjeros. En consecuencia el comercio exterior se animó considerablemente. Se creó un Cuerpo de Conservación Civil (CCC), para emplear a más de medio millón de hombres en obras de reforestación y de irrigación de tierras labrantías. A la vez sometió al Congreso la Ley de Recuperación Industrial (NIRA), para autorizar la apropiación de 3,300 millones de dólares para obras públicas. Esta ley dió lugar al nacimiento de la Administración de Obras Públicas (PWA).
Uno de los planes más famosos fue la creación de la Autoridad del Valle de Tennessee (TVA), para construir una represa que proporcionó regadío y energía a bajo costo, con lo cual logró la reanimación de una de las regiones más pobres de Estados Unidos.
En 1935 la Ley de Compañías de Servicio Público reguló y restringió la propiedad privada sobre empresas de servicio público como teléfonos, gas, transporte y electricidad. Esto acarréo el disgusto y la animadversión del sector empresarial hacia la administración demócrata.
Con todas estas medidas el país comenzó a recuperarse prontamente y se restableció el flujo de mercancías en la oferta y la adquisición masiva en la demanda. En 1936 Roosevelt fue reelegido y esta vez contó con casi veintiocho millones de votos, lo cual revela la amplitud del apoyo popular alcanzado con sus medidas.
Pero en 1937 hubo una recaída. Una incipiente recesión alteró de nuevo la estabilidad ya alcanzada. El área privada de la economía la atribuyó a la excesiva intervención estatal, para otros analistas los precios de los productos industriales, al incrementarse más rápidamente que el poder de compra de los asalariados, habían hecho declinar la capacidad adquisitiva. Pero esta crisis fue fugaz y al año siguiente la marcha hacia la recuperación se había restablecido.
Con sus impuestos a las grandes corporaciones Roosevelt logró distribuir más equitativamente la riqueza nacional. Aunque muchos creyeron que Roosevelt era un enemigo del capitalismo y algunos lo acusaron de criptocomunista, en realidad aquel Presidente fue uno de los mejores renovadores del sistema mercadista, y con ello le prolongó la vida, en un momento en que las desigualdades pesaban muy fuerte. Se temía una ruptura violenta del equilibrio social. Gracias al freno que opuso al apetito desmedido de los banqueros y financistas, Roosevelt prolongó el sistema y le permitió alcanzar una fase ulterior de sobrevivencia que dura hasta nuestros días, con sus crisis periódicas
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