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PARA UNA DEFINICIÓN MEJOR DE LEZAMA LIMA

Algunos plumíferos de la contrarrevolución han desatado una campaña que intenta demostrar que Lezama sufrió persecuciones y ataques de la Revolución. La evidencia ofrecida demuestra lo contrario: nunca antes el poeta recibió tanto reconocimiento, apoyo, estímulos, lauros, como en el período que se inicia en 1959.


Lisandro Otero
| México

"¡Ah!, que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor" escribió José Lezama Lima en un poema publicado en 1941; y Lezama escapó, al morir en 1976, en el instante en que arribaba a su madurez mayor como escritor. No obstante haber dejado testimonios abundantes de sus criterios, de sus opciones, de su universo poético, de su afirmación en el camino elegido, algunos escribanos telecontrolados se han empeñado en oscurecer las pistas y confundir los caminos, en crear una imagen de Lezama Lima que no se corresponde con la real.

Cuando en 1937 se publicó Muerte de Narciso comenzó una etapa seminal para la literatura cubana. Su verso inicial "Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo" era, según Cintio Vitier, el verso mas sorprendente con el que haya iniciado jamás, un cubano, un poema. Con él se fundaba todo un movimiento que habría de ganar en robustez y consistencia en los años siguientes.

Lezama Lima se reveló como un escritor de asombrosa imaginación verbal que creaba insólitas asociaciones de imágenes con una gran frescura de locuciones y una alucinante exuberancia de vocablos en una intrincada madeja sintáctica; con estas armas creó un sistema poético, que tuvo sus seguidores, en los años siguientes.

Publicaba, además, sus libros sistemáticamente: Enemigo rumor en 1941, Aventuras sigilosas en 1945, La fijeza en 1949, Analecta del reloj en 1953, La expresión americana en 1957, Tratados en La Habana en 1958, Dador en 1960. Lezama era también un gran promotor cultural y fundó cuatro revistas sucesivamente, animó tertulias, escribió artículos, impartió conferencias e impulsó a amigos y discípulos a que hiciesen otro tanto. De sus empresas,la que disfrutó mayor prestigio fue la revista Orígenes, que publicó cuarenta números y se extendió de 1944 a 1956.

Esta aventura cultural transcurría en un país que vivía inmerso en la prevaricación, la politiquería, la corrupción y desdeñaba la trascendencia poética, desalentaba las letras y humillaba a los letrados. Lezama Lima nunca ocupó un lugar en aquel mundo que no le pertenecía. Algunos han señalado en este divorcio entre contexto y creador, el punto de partida del hermetismo lezamiano y de su aparente apoliticismo: puesto que me desatiendes, te desconozco.

Lezama malvivía con una misérrima pitanza: después de graduarse de abogado se atoró hasta la náusea en un bufete con el concreto legal, como él lo llamaba, y pasó a trabajar, años más tarde, como asesor del departamento jurídico de la Cárcel de La Habana. Cada día Lezama subía las largas escalinatas del castillo del Príncipe, jadeando con su asma, sus pulmones vencidos, para enfrentarse a una kafkiana pila de expedientes.

Sus revistas fueron costeadas por excepcionales mecenas que eran una rareza exquisita en medio de tanta ramplonería. Los libros los sufragó de su bolsillo, apartando de su escaso salario de ochenta pesos mensuales, los cinco pesos que entregaba a Ucar García y Compañía para liquidar a plazos sus ediciones.

Cuando cesó el apoyo económico de Orígenes, por una discrepancia literaria, el Instituto Nacional de Cultura que patrocinaba el tirano Batista, ofreció a Lezama una subvención y éste respondió públicamente que si anduvieron diez años con su indiferencia, no aceptarían ahora el fruto fétido de su admiración.

Fuera de Cuba Lezama era igualmente ignorado, salvo por unos escasos escritores y críticos bien informados. Esto fue lo que la sociedad le ofreció al poeta previo al triunfo de la Revolución: desdén, desatención, anonimato, irrisión, vilipendio, penuria. Pero si Lezama se refugiaba en su galaxia de metáforas y escapaba de un ambiente hostil, ello no quería decir que no sintiese hondamente la tragedia cubana, y un primer indicio de este sentir es su participación en la histórica manifestación de los estudiantes contra Machado el 30 de septiembre de 1930, brutalmente reprimida. Rául Roa nos ha dejado testimonio admirativo de la presencia de Lezama aquél día —hoy un hito nacional—, en que el poeta, sofocado pero resuelto, se lanzó a la pelea riesgosa por el saneamiento patrio. Años más tarde Lezama escribiría que no prefería ningún honor al que se había ganado aquella mañana.

Por ello es explicable que en 1959, después de escuchar uno de los primeros discursos de Fidel Castro tras de su entrada en La Habana, Lezama comentase con Cintio Vitier: "Por primera vez oigo pronunciar la palabra patria como la dice este muchacho."

¿Qué sucede con Lezama después de la Revolución? Primero, se le designa Director Nacional de Literatura y Publicaciones del Consejo Nacional de Cultura, lo cual le otorgaba el control de las ediciones y las actividades literarias del Gobierno Revolucionario. Después se le elige Vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Se realiza una lujosa edición de sus poesías completas, que comprendía todos sus versos concebidos hasta entonces. Se publican su libro de ensayos La cantidad hechizada, su novela Paradiso; dos libros sobre su obra: Orbita de Lezama Lima por la Unión de Escritores y Valoración múltiple de José Lezama Lima por el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas.

Póstumamente se editan Fragmentos a su imán, Oppiano Licario e Imagen y posibilidad. Lezama, además, como investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias, realiza importantes hallazgos y publica la poesía de Zenea, los artículos de Ventura Pascual Ferrer, los papeles de José Antonio Saco, edita una antología de la poesía cubana en tres tomos, estimula la revalorización de Ramón Meza, y acomete muchas otras iniciativas editoriales.

La Revolución deposita esta incuestionada confianza en un poeta católico, que nunca ha negado serlo y que continúa siéndolo; es una Revolución que filosóficamente se ha confesado materialista y, sin embargo, otorga su sostén y su homenaje a quien lo merece, sin que el dogmatismo o la intolerancia oscurezcan esta constructiva relación.

En una carta a su hermana, fechada el 3 de marzo de 1966, Lezama escribe: "Ya no es como antes que se publicaban los libros pagados por sus autores, cuyos pagos se hacían, como lo hacía yo y otros, con la lengua fuera, con mil sacrificios y pasando innumerables necesidades. ¿Cuándo yo hubiera podido publicar una novela de más de 600 páginas? Esas son, en mi opinión, las cosas grandes que ha hecho la revolución."

Algunos plumíferos de la contrarrevolución han desatado una campaña que intenta demostrar que Lezama sufrió persecuciones y ataques de la Revolución. La evidencia ofrecida demuestra lo contrario: nunca antes el poeta recibió tanto reconocimiento, apoyo, estímulos, lauros, como en el período que se inicia en 1959; nunca, como hasta entonces, pudo encauzar su vocación tan plenamente.

Lezama Lima sí recibió algunas agresiones después de 1959, pero no provinieron de ningún sector responsable de la Revolución cubana, sino de un grupúsculo ambicioso de poder que se parapetó en el semanario Lunes de Revolución. No todos, aclaro, estaban contaminados de la misma ansiedad de supremacía; en Lunes hubo intelectuales honestos y la publicación, no obstante "snobismos" y descarríos, sirvió parcialmente a fines de información y difusión cultural.

El dirigente del grupúsculo era Guillermo Cabrera Infante, y fue uno de sus más fieles discípulos, Heberto Padilla, quien escribió: "¿Qué queda, pues, de Orígenes? ¿Dónde está el gran libro de esa generación? ¿Dónde está la originalidad y madurez de ciertos frutos obtenidos? ¿Dónde está el resumen después de veintidós años de tarea...? No hay nada... Diez poetas se reunieron para modelar una muerte sin grandeza... ¿Qué poema puede escribir hoy Lezama que no recuerde su vieja voz hueca y grotesca?... José Lezama Lima terminó ya... como todos esos poetas mediocres que ha desenterrado la avidez de antólogo de Cintio Vitier, su nombre quedará en nuestras antologías ilustrando las torpezas de una etapa de transición que acabamos de cancelar en 1959."

Padilla publicó lo que antecede en el número 38 de Lunes de Revolución del 7 de diciembre de 1959, en un artículo titulado La poesía en su lugar. Este fue uno solo de los muchos ataques que Lezama tuvo que soportar. Los integrantes del grupúsculo no tenían historial revolucionario, ninguno podía exhibir una sola acción valerosa durante el difícil período de lucha contra la tiranía y se ensañaban con la inofensiva figura del poeta para demostrar su supuesta combatividad militante. Creían que con estas dentelladas de escualo contra el sólido cetáceo acumulaban méritos, cuando sólo ganaban el desprecio histórico hacia su actitud medrosa.

El 27 de abril de 1971, después de cierta peripecia, que no es pertinente relatar en este artículo, Heberto Padilla, en una comparecencia pública en la Unión de Escritores, le endilgó a Lezama actitudes y criterios de los cuales el poeta estaba muy distante. Dijo Padilla aquella noche:"...yo sé que puedo mencionar a José Lezama Lima. Lo puedo mencionar por una simple razón; la Revolución Cubana ha sido justa con Lezama, la Revolución Cubana le ha editado a Lezama este año dos libros hermosísimamente impresos... Yo me decía: Lezama no es justo y no ha sido justo, en mis conversaciones con él, en conversaciones que ha tenido delante de mí con otros escritores extranjeros, no ha sido justo con la Revolución." Y seguía hablando de la amplitud de una Revolución que publicaba una obra como la de Lezama que "se basaba en otras concepciones políticas y filosóficas". A Cintio Vitier y Fina García Marruz, que no habían estado presentes, le narraron lo sucedido. El poeta palideció de estupor y sólo pudo murmurar: "!Ese hombre es un canalla!"

Los que ahora acusan a la Revolución de haber hostigado a Lezama son los mismos que no cesaron en sus conspiraciones y asechanzas contra la figura de Trocadero 162. Pero hay otros ejemplos y razones, motivos y fundamentaciones que nos ayudan a definir mejor a Lezama Lima y sus relaciones con la Revolución cubana.

El mundo se enteró de la existencia de José Lezama Lima después de 1966, a consecuencia de la publicación de su novela Paradiso. El poeta, que durante años había aceptado la invitación de la oscura pradera que lo convidaba, rodeado de libros en su humilde y deslumbrante tarea de creación poética e investigación literaria, pasó súbitamente a los primeros planos de la prominencia autoral. Responsables del éxito fueron, en buena medida, los méritos intrínsecos de la novela; por otra parte, el descubrimiento de Lezama por Julio Cortázar y su proclamación y entronización consiguientes.

Cortázar realizó una apreciación justa de la obra lezamiana y comprendió muy bien los ocultos resortes de su sistema poético, lo cual dejó bien asentado en varios artículos y cartas y en una nota titulada "Para llegar a Lezama Lima", aparecida en su obra La vuelta al día en ochenta mundos, de 1967, y también publicada en Cuba en la revista Unión, en la cual veía la novela como "un torbellino de construcción y aniquilamiento, una hoguera sacrificial, su hora romántica de chispas y explosiones inesperadas, un barroco de humos azules y verdes que multiplican las estatuas fugaces y las cornucopias".

En el curso de pocos años Lezama se vio publicado en México, Argentina y España, traducido en Francia, Italia y Estados Unidos; los periodistas lo solicitaban, los semanarios de infinidad de países reproducían su clásica imagen de rollizo sibarita disfrutando de la humeante delicia de un habano. Fue este el momento en que la contrarrevolución decidió que Lezama serviría bien para su propósito de acuñar otro disidente y comenzaron los comentarios, maquinaciones, estratagemas, emboscadas, intrigas.

Una de las falacias más insistentemente repetidas es la que se refiere a sus viajes. El éxito trajo numerosas invitaciones a congresos, simposios, seminarios, conferencias: Lezama se negaba sistemáticamente a asistir; esto contribuyó a la aseveración de que el poeta estaba enjaulado en su isla. Los que lo conocieron bien saben que Lezama siempre fue reacio a los viajes.

En 1949 realizó dos breves salidas a México y Jamaica; nunca más volvió a desplazarse fuera del país. En una entrevista con el argentino Tomás Eloy Martínez, Lezama confesó: "Es que hay viajes más espléndidos: los que un hombre puede intentar por los corredores de su casa, yéndose del dormitorio al baño, desfilando entre parques y librerías. ¿Para qué tomar en cuenta los medios de transporte? Pienso en los aviones, donde los viajeros caminan sólo de proa a popa: eso no es viajar. El viaje es apenas un movimiento de la imaginación... Goethe y Proust, esos hombres de inmensa diversidad, no viajaron casi nunca. La "imago" era su navío. Yo también: casi nunca he salido de La Habana. Admito dos razones: a cada salida empeoraban mis bronquios; y además, en el centro de todo viaje ha flotado siempre el recuerdo de la muerte de mi padre. Gide ha dicho que toda travesía es un pregusto de la muerte, una anticipación del fin. Yo no viajo: por eso resucito."

En el número enero-febrero de 1968 de la revista Casa de las Américas, Lezama escribió una nota a la que tituló: "Ernesto Guevara, comandante nuestro", en la que afirmaba que el Che era el "Nuevo Viracocha, de él se esperaban todas las saetas de la posibilidad y ahora se esperan todos los prodigios de la ensoñación... antes dio las pruebas terribles de su tamaño para la transfiguración... Y su imagen es uno de los comienzos de los prodigios..."

En La Gaceta de Cuba, en el número noviembre-diciembre de 1968, sostuvo en su artículo "El 26 de julio: imagen y posibilidad": "Pero el 26 de julio rompió los hechizos infernales trajo una alegría, pues hizo ascender, como un poliedro en la luz, el tiempo de la imaginación... No fue un fracaso, fue una prueba decisiva de la posibilidad y de la imagen de nuestro contrapunto histórico... El 26 de julio significa para mí, como para muchísimos cubanos... una disposición para llevar la imposibilidad a la asimilación histórica, para traer la imagen como un potencial frente a la irascibilidad del fuego..."

En la revista Eco de Bogotá, en el número de abril-junio de 1978, se refirió a Salvador Allende: "...hay también la muerte creadora, que representa la muerte y la resurrección. Ahora atrae como un imán mágico y enseña a todos la fuerza irradiante de la suprema prueba del fuego y de la muerte. Él entrará de nuevo, no en la ciudad de ahora sino con los

citaredos y los jóvenes que saltan como jaguares por encima del fuego. Está en todas partes como la mejor compañía, luchador absoluto y sus amistosos designios como libertad... Al morir ya está a su lado el nuevo retoño del grano de trigo." Este texto aparece fechado el 25 de abril de 1974, o sea cuatro años antes de su publicación y siete meses después de la muerte de Allende.

Lezama Lima fue un hombre de honda cubanía y raigambre criolla. Se enorgullecía de que su abuelo hubiese sido colaborador de Patria el periódico de Martí, donde también contribuyó su tío abuelo Carlos, que era íntimo de un devoto de Julián del Casal. Su madre y sus tíos habían oído en la emigración la palabra de José Martí y los discursos de Sanguily. En su casa se hablaba constantemente de lo cubano, como una categoría del ser.

Cuando escribe sobre Céspedes lo asocia con el manjuarí, el ácana y el carey, es decir, con la autoctonía, la solidez y la eternidad. Al hablar de Martí en 1953, año de su centenario, pronostica que: "Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza." Afirmaba que los principales rasgos cubanos eran la imaginación, la fidelidad a las grandes causas y la bravura.

En el gran plan para desacreditar a Lezama, y sus relaciones con la Revolución, se ha llegado a extremos deleznables. Guillermo Cabrera Infante, con su habitual e inescrupuloso afán de notoriedad, llegó a publicar un sórdido artículo donde escarba en las intimidades de la vida personal del poeta. Este acto de rapiña en el patio privado ajeno, esta hazaña de buitre(que no era más que la continuación de los viejos ataques de Lunes de Revolución), tuvo una deplorable caja de resonancia en la revista Vuelta, que dirige Octavio Paz, de cuya amistad siempre se ufanó Lezama.

La publicación de parte de su correspondencia en Madrid, en 1979,hizo señalar a algunos que allí podían hallarse las huellas del disentimiento de Lezama, de su inconformidad con las cosas de Cuba. En realidad en su epistolario se encuentra su abatimiento y su desolación por el abandono en que lo había dejado su familia, sobre todo a partir de la muerte de su madre.

Él, que siempre fue un hombre gregario, que rindió culto a la unidad familiar, que vio en el entrelazamiento de parentescos una urdimbre que entregaba una raíz y una teleología al ser, quedó sin asideros ante tanta deserción. Pero es en esas cartas donde se encuentran estos párrafos: "Estamos también preparando la prosa del mismo Zenea. Eso me da cierta alegría, pues sé que estoy haciendo una labor útil para todos los cubanos, cualquiera que sea su credo o punto de vista sobre nuestra patria. Se ha publicado mucho libro y bueno, ya de clásicos, ya de cubanos o de hispanoamericanos. Casi todos los grandes cubanos, Saco, Avellaneda, Milanés, Luaces, Martí, etc., se han ido publicando, y eso, incuestionablemente, es una buena labor." (Carta de junio de 1965).

Algunos artículos de Reinaldo Arenas también forman parte del Gran Plan y han añadido distorsiones y mendacidades a la campaña. Este afiebrado Arenas, que escribe enormes disparates como los que afirman que Boumedienne asesinó a Ben Bella y que en Cuba se fusila a los niños, se atreve a sugerir que Lezama tuvo desatención médica, falta de medicamentos y una "muerte repentina", entrecomillada.

Es sobradamente conocido que Lezama fue siempre un hombre de pobre salud. Sus males residían en el asma perniciosa que padecía, sus débiles bronquios, su obesidad —empeorada por un voraz apetito—, su hábito de fumar, su sedentarismo. Por ello Lezama disponía de un médico personal, el Dr. José Luis Moreno, que lo visitaba todos los miércoles. Su esposa, María Luisa Bautista, una cardiópata, contaba con la atención de uno de los mejores cardiólogos de Cuba, la Dra. Ada Kourí, quien era esposa del escritor Rául Roa, que fue durante dieciocho años Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba.

En sucesivos empeoramientos de sus disneas se intentó hospitalizarlo, a lo cual él siempre se oponía diciendo: "No estoy para hospitales", y añadía que en su familia, cuando alguien era ingresado en un centro médico, invariablemente fallecía. Finalmente, ante la evidencia de su crisis,accedió y fue ingresado en el Pabellón Borges, la mejor unidad de uno de los más antiguos y mejor dotados hospitales cubanos, el "Calixto García". Allí lo esperaba un equipo médico especial y la compañía de su clínico el Dr. Moreno. Después de su muerte aparecieron en su mesa de noche, sin utilizar, varios frascos del Dysphne-inhal, el bronco dilatador francés que utilizaba, indicador de que no le faltó medicamentación.

Su sepelio se honró con las palabras de Cintio Vitier, uno de sus más cercanos amigos. Allí estaban también Eliseo Diego, Fina García Marruz, Octavio Smith, Monseñor Ángel Gaztelu, Mariano, Rodríguez Feo, Portocarrero, aquellos que constituyeron el núcleo fundador de Orígenes; todos ellos viviendo, laborando, en su suelo patrio, entonces,  y en el seno de la Revolución.

Ante quienes colorean con sombríos tintes decadentes la obra de Lezama, hay que afirmar que su fruto fue de afirmación y apertura. Frente a la teoría heideggeriana del hombre para la muerte, Lezama levantó el concepto de la poesía que establece el ser para la resurrección, el ser que vence a la muerte. "El poeta se sacraliza en las eras imaginarias, cuya raíz es la revolución", dijo Lezama en un artículo, en marzo de 1968.

"Queríamos la carne de los dioses", sentenció en un soneto de Dador,y él, que se mantuvo con su seguro paso de mulo en el abismo, que soportó la indiferencia y la fama con igual displicencia, que permaneció obstinado en su creación, que creyó en la luz y la raíz de su patria, ha encarnado, después de su muerte, tal como lo deseara.

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* Tomado de resumen semanal de Granma, La Habana, 1 de mayo de 1983.

* También publicado en Disidencias y coincidencias en Cuba. La Habana, Editorial José Martí, 1985, pp.96-103.

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